Red Cultura
  • Fotografías
Isabel Guzmán: “Bailar por aquí, cantar por allá y mi música por el otro lado”
Pocos artistas son tan completos y versátiles como Isabel Guzmán, la salvadoreña que llegó a Costa Rica para quedarse, para suerte de los ticos.
26/12/2014 2:38 PM
Marisol Campos
marisolcamposzamora@gmail.com

Al subir las gradas de un pequeño apartamento en Montelimar, espera Susú, una gata blanca con manchas oscuras cuyo nombre hace honor a un paso básico del Ballet: Sous-sus. Ella va guiando el camino hacia los sillones de la sala, adornada con afiches y fotografías de musicales y obras de Broadway. El teatro musical es una de las pasiones más arraigadas de Isabel Guzmán Payés, cantante, bailarina y compositora salvadoreña quien desde los 19 años ha desarrollado su carrera en Costa Rica.

Hija de un músico y una bailarina, creció siempre rodeada de las artes escénicas. Las clases de ballet y de piano y los entrenamientos de gimnasia rítmica fueron parte de su rutina mientras crecía en la capital de El Salvador. Sin embargo, fue hasta que empezó sus estudios de arquitectura en la universidad que se dio cuenta que el arte era más que un hobby.

¿Cuál fue el momento en el que usted dijo "no voy a seguir con la arquitectura, voy a seguir mi carrera artística"?

¡Yo siempre lo dije!, (risas) lo que pasa es que no me hacían caso en mi casa. Yo creo que mi papá estaba muy preocupado, la típica preocupación de los papás de que uno se haga artista. ¿De qué va a comer uno? La ideología de muchos de los salvadoreños es que uno tiene que estudiar una carrera formal, otra carrera más convencional para después proseguir con los estudios artísticos. Mi papá vio que yo era un robot estudiando arquitectura y un día él se dio cuenta y… “mira ya no matriculés este semestre, vamos a ver que hacemos, está bien”. Ahí fue que yo dije ¡Bueno! Y aproveché.

Entonces ¿sí tuvo el apoyo de sus papás al tomar esa decisión?

Sí, la verdad es que sin ellos no hubiera podido. Obviamente con la ayuda económica de mi papá al principio y con el apoyo emocional. Y del lado de mi mamá por supuesto, cuando yo dejé arquitectura mi mamá me dijo que buena decisión. ¡Ella feliz!

¿Cómo terminó en Costa Rica teniendo un entrenamiento artístico en San Salvador?

Terminé aquí porque tenía una amiga muy cercana que estaba estudiando biología en la Universidad Latina y ella me dijo:” Isabel, yo estoy aquí con mi hermana y hay una universidad con música, veo que hay mucha danza, ¿por qué no te venís un tiempo y compartimos aquí los gastos?” Así surgió un poquito la idea, quedamos en que los primeros años yo iba a recibir ayuda de mi familia y a medida que pasaban los años esa ayuda se iba a ir reduciendo para que yo pudiera ir creciendo, trabajando o lo que fuera y así lo hicimos.


El ambiente artístico es diferente en El Salvador y aquí, ¿cuál fue la mayor diferencia de estar allá entrenando y luego aquí?

Yo creo que la competencia porque cuando vine me di cuenta de que habían muchísimos bailarines. Los problemas son similares a los del Salvador, pero el gremio aquí es muchísimo más grande, entonces uno está rodeado de algo más grande, muchos más teatros, un poco de más compañías, no muchas pero hay más compañías, hay más bailarines, hay más escuelas. En cierta manera esto lo hace a uno despabilarse un poquito.

¿Y culturalmente?

Culturalmente me costó al principio, pero es una cosa a la que uno se adapta eventualmente. De hecho es muy parecido a El Salvador. Eso es lo bonito, la gente es calurosa, la comida no es tan diferente, la gente habla español, entonces no hay un choque tan grande. Son como otras cosas más cotidianas que uno aprende a lidiar. Pero ya con los años todo bien.

***

Una gran sonrisa en el rostro es característica de Isa, como la llaman sus conocidos. Hace varios años cortó su larga cabellera negra y utiliza un corte tipo bob que deja ver su rostro moreno y acentúa sus grandes ojos cafés. En sus brazos descubiertos es fácil ver los años de entrenamiento en danza contemporánea y gimnasia. “Los gimnastas no crecen mucho”, dice la gente frecuentemente, sin embargo, Isa es alta para haber sido gimnasta durante su adolescencia.

Mientras Isa y Susú atienden a los visitantes, en la cocina se escucha el agua del fregadero correr. Es Carlos Escalante, el esposo de Isabel. Escalante es considerado uno de los mejores compositores del país y su repertorio incluye desde obras para orquesta hasta piezas para ensambles pequeños.

***

Por un lado danza contemporánea, por otro lado cantando con un trío barroco, ¿cómo es el proceso de pasar de un género a otro, tanto física como mentalmente?

Al principio uno no puede hacer eso porque está educando la técnica, llega después el momento en el que uno puede controlar esas disciplinas. Es entonces cuando las emprendes de manera conjunta o cuando cambias el casete y te das el lujo de hacer lo que querás. Las técnicas son un poquito diferentes, no son tan distantes pero sí requieren un manejo y un control muy específico. Eso se gana con los años de cantar y de bailar, uno va entendiendo y descubriendo que puede hacer esas cosas.

 
Pronto se va a estrenar “Según L”, una obra con música original suya, ¿cómo fue ese paso de ser una intérprete a convertirse en creadora y compositora?

Vieras que yo siempre he visto las cosas ligadas, no las veo tan separadas como la gente las tiende a ver. Por ejemplo, la parte de la composición está muy cerca de ser cantante. Yo compuse muchas canciones cuando estuve en el colegio, me encantaba todo lo que era la composición. Jamás pensé que pudiera ser parte de proyectos en los cuales yo pudiera explotar esa parte compositiva. Siento que está muy afín a mi mente creativa, eso es lo que yo creo. Esa parte de la composición se me despertó cuando quise estudiar música. O sea, cuando quise estudiar canto también me gustaba mucho lo que era la composición y lleve muchas clases particulares de composición y bueno, mi esposo es compositor y siempre comparto mucho. Claro, está ligado a mi danza también, porque como yo soy bailarina utilizo mucho lo que soy en mi música. Finalmente es todo, como un solo hilo en la mente creativa que soy.

¿Usted cree que el haberse casado con un compositor ha influido su carrera?

No sé, tendría que preguntárselo a él (risas). Ha influido en mi carrera en el sentido de que quizás me siento muy acompañada. Yo creo que lo que soy es gracias a lo que yo trabajo duro, pero sin la ayuda de alguien que conoce mucho el medio como mi esposo yo no podría sentirme tan apoyada. Y es muy bonito llegar a la casa y compartir y hablar de cosas profesionales que uno vive con tu pareja. El tiempo de él es igual al mío, su carrera demanda mucho tiempo y es algo con lo que creo que me he sentido muy cómoda en estos años de conocerlo. Siento que en ese lado de mi carrera ha sido  un pilar muy fuerte.

 
Hace unos meses fue el Festival Nacional de Coreógrafos en el que usted ganó el premio por mejor interpretación, ¿cómo fue esa experiencia?

¡Fue súper lindo! Hace como 3 años el festival empezó a dar el premio con ayuda de Anatradanza (Asociación Nacional de Trabajadores de la Danza). No es un premio remunerado, pero es un premio muy importante, pues se conoce el trabajo que  uno hace como intérprete en el festival. Yo sé que es un festival de coreógrafos, pero el trabajo que nosotros hacemos como bailarines es muy devoto. Es muy bonito que te reconozcan en esa parte y me pareció muy especial. Jamás pensé que me lo iban a dar, pero sí.

 
¿Cómo es esa relación creativa, ese proceso entre bailarín y coreógrafo?

Es diferente con cada con cada coreógrafo. Cada uno tiene una manera creativa diferente de trabajar a la hora de montar, a la hora de expresar las ideas y en sus estilos corporales. Yo creo que la relación coreógrafo-intérprete siempre es un diálogo muy bonito. Uno aprende que tiene que ceder en algunas cosas y a la vez proponer sus ideas para que influyan de manera positiva en el proceso de la coreografía. Es un reto también, ¡porque uno se encuentra con cada coreógrafo! Eso son los gajes del oficio de uno como bailarín.

 
¿Y la relación compositora-coreógrafo?

También es súper diferente con cada coreógrafo con que uno trabaja. Muchos coreógrafos trabajan con cuentas entonces uno tiene que estar muy apegado a ellas. Luego hay otro tipo de coreógrafos que trabajan más que todo con frases. Y a pesar de que uno tiene más libertad para hacer la música o la escena como uno quiera, hay un peligro de que los bailarines no se puedan acoplar a la música. Creo que son los únicos dos que me he encontrado hasta el momento. También hay coreógrafos que les gusta que uno haga la música primero y ellos montan a partir de eso, pero no he trabajado con nadie así. Otros también le dan a uno una referencia, que no es lo que nos gusta, porque la gente se  acostumbra a trabajar con la referencia.

Una obra que trabajé de mi mamá era teatro físico, entonces los actores tenían muchísima carga emocional y física y tenían que solventar un montón de cosas con el cuerpo. Ese fue un proceso muy interesante porque lo hice de lejos. Hice parte en El Salvador y parte aquí en Costa Rica. A puro video tuve que trabajar, siguiendo el texto y las pautas corporales que mi mami me daba de lejos.

***

Frases como “mala nota” o “pura vida” adquieren un sabor diferente cuando se pronuncian con acento salvadoreño, el cual Isabel no ha perdido aún después de casi una década de haber dejado su país. Una mezcla entre el voceo de los ticos y el tuteo de los salvadoreños también caracterizan el intercambio cultural que esta artista ha vivido a lo largo de su carrera.

Además de dedicarse a la interpretación y la composición, Guzmán se ha dedicado a la pedagogía, dando clases de música de danza y de teatro musical a niños, adolescentes y adultos, trabajo que le permite solventar otros proyectos y que tiene la flexibilidad de horario necesaria dentro del ambiente artístico del país.

***

¿Cuáles son las metas personales que hasta el momento ha alcanzado en su carrera?

En el caso de la composición, un logro que creo que he alcanzado es componer para algo en lo que yo me siento muy como pez en el agua. Eso es algo que cualquier compositor busca, busca su estilo, busca para qué es lo que le gusta componer. A mí componer para danza me ha significado una cosa muy gratificante, porque es ver la danza de todos los lados de donde la conozco. Me ha implicado muchísimas emociones. Quisiera tener equipo más profesional para poder hacer trabajos más profesionales todavía. Pero creo que todavía falta para eso.

 ¿Y en el canto y la danza?

Creo que he logrado encontrar los charcos en los que me siento bien con la danza y el canto. Esos son los logros, que he encontrado como los charcos en los que me he sentido bien. Y me gustaría académicamente continuar con los estudios que me permitan pues esas dos disciplinas. Tuve la oportunidad de llevar un curso en Nueva York de teatro musical y me gustó mucho y me gustaría poder hacer eventualmente algo que me implique juntar todo lo que yo soy.


¿Qué podemos esperar de Isabel Guzmán a un corto plazo?

No sé, lo mismo de siempre. Bailar por aquí, cantar por allá, mi música por el otro lado. Siempre las tres cosas, no creo dejarlas de hacer por un buen rato.

<>

 

Isabel Guzmán Payés

Nacida en San Salvador, ha desarrollado su carrera artística en el canto, la composición y la danza.

Desde el año 2005 vive en Costa Rica donde terminó sus estudios y se ha desempeñado en las diferentes disciplinas que practica.

Reconocimientos:

  • Ganadora Concurso Jóvenes Solistas 2009
  • Primer lugar y  medalla de platino en la convención y competencia internacional “Danzaméricas 2010”
  • Seleccionada para las rondas eliminatorias del  Concurso Internacional de canto Monserrat Caballé 2011 en Zaragoza, España.
  • Mejor Intérprete Femenina del Festival Nacional de Coreógrafos 2014

Estudios:

  • Estudios de piano en el Centro Nacional de Artes de El Salvador (CENAR)
  • Estudios de canto lírico con la Lic. Rebeca Viales y la soprano Guadalupe González
  • Graduada del Programa Danza Abierta de la UCR en el 2010 con el profesor Rogelio López
  • Estudios intensivos de teatro musical, jazz, ballet y danza contemporánea, en el Brooklyn Ballet y el 92nd Street y en Nueva York


Experiencia:

  • Solista con la Orquesta Filarmónica de Honduras
  • Solista con la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador en varias temporadas

Entre su repertorio hay piezas para piano, de cámara, corales y música para danza. Además ha participado en múltiples coreografías y obras en el país.