En el 2006, dos jóvenes antropólogas sociales, Claudia López y Paola Salazar, se dieron a la tarea de realizar su tesis de Licenciatura por la Universidad de Costa Rica sobre el tema del swing criollo. Hoy, dos años después de su defensa pública, el libro es una publicación al alcance de quien quiera empaparse sobre este baile popular.
El libro se llama “Brincos y vueltas a ritmo de swing: explorando las experiencias corporales y simbólicas de esta práctica cultural costarricense” y fue publicado por Editorial Académica Española. Se puede comprar en Amazon o Morebooks.
La investigación incluyó técnicas como las entrevistas a profundidad, la observación directa y la observación participante, trabajando con un grupo de bailarines de swing criollo para entender su dinámica sociocultural y entrevistando a maestros y expertos en este tema.
Inclusive las antropólogas asistieron a clases en el desaparecido y emblemático “Karimar”, el salón más importante de swing, único sobreviviente, hasta el 2008, de los procesos de desarrollo urbano que fueron acabando con los salones de baile.
En 145 páginas las autoras se refieren al origen, las particularidades y la dimensión simbólica, entre otros temas, de este baile popular que hoy es candidato a una declaratoria como Patrimonio Cultural Intangible.
En entrevista nos conversaron sobre algunos de los principales hallazgos de su investigación. Aquí un extracto.
Según lo investigado, ¿cuál es el origen el swing criollo? ¿Esta manera de bailar así con el “brincadito” característico se da en otros países o sólo en Costa Rica?
PAOLA: El swing así “brincadito” sólo se baila en Costa Rica. El swing es el baile, la música es cumbia colombiana.
Se sabe que inició en la segunda mitad del siglo XX. Hay muchas versiones sobre su origen, todas coinciden en el origen popular del baile y en catalogar a los salones de baile como algo mal visto porque ahí se bailaba lo popular, lo mal visto, lo que implicaba una serie de movimientos que no eran recatados.
Hay tres versiones principales sobre su origen, todas las explicamos en el libro. La primera indica que lo adoptaron de películas norteamericanas en las que veían swing americano. Ellos copiaban los movimientos y los bailaban con la cumbia colombiana. Había que sujetarse a lo que la rockola tuviera o las bandas tocaran, porque no había mucha música.
CLAUDIA: Otra versión dice que puede estar relacionado con los traileros que venían de Estados Unidos y traían ese conocimiento sobre swing. La tercera es que los trabajadores de la compañía bananera en Golfito iban a los bailes que se hacían en el Club Americano, donde se bailaba swing americano, y así aprendieron los pasos y movimientos.
Ustedes aseguran que el swing es un fenómeno de exclusión. ¿Por qué?
PAOLA: El swing se origina en taxistas, camioneros, prostitutas, domésticas, gente de estratos bajos. Este tipo de baile se configura ahí al oír la cumbia colombiana, tomando prestados elementos no costarricenses que ellos apropian. Es una respuesta a lo instaurado por la hegemonía costarricense, ya no es el vals ni la retreta, este baile les motiva.
CLAUDIA: Además de ser un fenómeno de exclusión es también de reivindicación y contestación, aunque no de manera explícita.
Es curioso como esa representación externa, el ser “pachuco”, que es un término tan peyorativo, o de clase popular, es asimilada por ellos como un elemento de reivindicación individual y social. Sin embargo, no todo el que bailaba swing se asumía como tal. De igual manera hay mucha gente que baila swing y que no cumple las características del “pachuco”.
PAOLA: Es interesante notar cómo lo contestatario en el baile se da en otros fenómenos latinoamericanos como la lambada, la samba, el tango, el merengue, la salsa, todos bailes muy físicos y provocadores que no se hacen con una intención más que para hacer catarsis.
¿En qué momento el swing sale del salón de baile?
PAOLA: Cuando lo populariza el programa de televisión Fantástico.
CLAUDIA: Ese fue el primer momento que identificamos: cuando sale de los salones y pasa a la televisión y la gente lo puedo ver. Eso despertó mucha curiosidad y atracción, el morbo de lo que es mal visto pero que la gente quiere ver.
El otro momento fue el boom de las academias de baile, porque obligó a sistematizar los pasos y se puso más a la mano, aunque ya no en el salón de baile, por lo tanto con una aprehensión distinta.
PAOLA: El siguiente momento fue cuando la Compañía Nacional de Danza incluye al swing como parte de sus presentaciones (Nadie me quita lo bailado, de Liliana Valle, 2004)
Más recientemente el swing vuelve a estar en el lente con programas como Bailando por un sueño y las muchas presentaciones que se realizan en festivales.
¿Cuáles consideran ustedes que son las características más importantes del swing?
PAOLA: Desde el punto de vista del baile yo creo que la velocidad y la resistencia física. Además, que hay diferencias entre el estilo de baile de los bailarines de la Vieja Guardia y la Nueva, completamente identificables. El de la Vieja es más hacia el suelo, más fuerte, más con la pareja, mientras que la Nueva es más acrobático, toma elementos de otros bailas como la salsa.
CLAUDIA: Otra característica interesante son las identidades generacionales, está muy muy marcada la diferencia entre la Vieja y la Nueva Guardia. Aunque también notamos que no es una cuestión de edad sino que tiene que ver más con el estilo, hay bailarines muy jóvenes que se consideran de la Vieja Guardia y no de la Nueva.
El swing es un fenómeno meramente dancístico, no musical. El swing es el tipo de baile, que se baila a ritmo de cumbia colombiana.
Otra particularidad es la importancia que dan al bailarse y aprenderse “pachuco”, no como el swing de academia sino el de la calle, como una manera de legitimar su “capital social dancístico”, concepto que creamos a partir de Bourdieu.
Otra característica es la improvisación, es un baile no planificado ni coreográfico.
Como investigadoras y expertas en el tema, ¿qué piensan de la posibilidad de la declaratoria de Patrimonio Intangible al swing?
PAOLA: Es súper importante, porque le da el valor que de alguna manera estaba escondido, y lo valida como un baile popular netamente costarricense que toma prestados elementos de otras latitudes.
CLAUDIA: El swing para sobrevivir no necesita de la declaratoria, pero sí de alguna manera facilitaría el fortalecimiento de la práctica, que se aumente el número de presentaciones, que se utilice como elemento referencial, y para legitimarlo desde la oficialidad.