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La joven directora Gabriela Mora saluda al público después de la participación de la Orquesta Sinfónica Intermedia.
Bailes - Inspiraciones Costarricenses Íride Martínez en el Estadio Nacional Marvin Araya - Sinfónica Juvenil
Noche sinfónica vistió de gala al Estadio Nacional
Por una noche el nuevo Estadio Nacional se convirtió en un gran auditorio, con las agrupaciones del Centro Nacional de la Música, la celebrada cantante Íride Martínez y 180 bailarines de distintas disciplinas.
01/04/2011 10:26 AM
Rey David Cortés
rcortes@redcultura.com

La noche del 30 de marzo no fue el fútbol ni un artista internacional lo que convocó a unos 13 mil visitantes al Estadio Nacional. Fueron la música de la Orquesta Sinfónica Juvenil Intermedia, la Orquesta Sinfónica Juvenil, la Banda Sinfónica Juvenil y la Orquesta Sinfónica Nacional; que se acompañaron del talento de compañías de baile y de la voz de la cantante Íride Martínez

El maratónico concierto inició con la participación de la Orquesta Sinfónica Intermedia, bajo la dirección de la directora Gabriela Mora.  Los jóvenes ejecutantes realizaron una labor pulida interpretando la obra “Finlandia” del compositor de éste mismo país, Jean Sibelius. Seguido, interpretaron la Marcha Turca de Ludwig van Beethoven, o como el público le denominó veinte segundos después de su inicio, “la canción del Chavo”. Luego interpretaron la Suite Nº 1 de la ópera “Carmen”, de Georges Bizet. Digna de destacar fue la soltura y habilidad con la que los solos de oboe, flauta y corno inglés, fueron ejecutados. Como “encore”, interpretaron un extracto de la Sinfonía Nº 25 de Wolfgang Amadeus Mozart.

Durante una transición de pocos minutos, que permitió a los presentes hacerse de un pedazo de pizza, un café o un maní garapiñado, subió al escenario la Banda Sinfónica Juvenil. Este ensamble avanzado del Instituto Nacional de Música, también dirigido por Mora, interpretó en estreno nacional la Sinfonía “La Divina Comedia” de Robert W. Smith. La obra, inspirada en el homónimo poema épico de Dante Alighieri, presentó efectos tales como cantos y zapateos de parte de los músicos, así como pasajes que evocaban obras como la obertura de "La Gran Pascua Rusa" de Rimsky-Korsakov, y la "Fantarria del Hombre Común", de Aaron Copland.

Mora se presentó confiada y expresiva. El trabajo de los jóvenes músicos fue recompensado con aplausos por parte de los aproximadamente 13 mil asistentes.

Seguidamente fue el turno de la Orquesta Sinfónica Juvenil, bajo el mando del veterano Marvin Araya. La  obertura de “La Gazza Ladra” de Gioachino Rossini, sirvió para medir lo que sería la tónica de la segunda parte del concierto. La orquesta tuvo una excelente interpretación, manchada por un pobre manejo de la amplificación. Los solos de la sección de bronces, de este momento en adelante, pasaron desapercibidos debido a la falta de volumen en la mezcla que alcanzaba a los escuchas.

Los “Boleros de Costa Rica”, obra del conocido compositor costarricense Carlos Guzmán,  se ganó al público con extractos de boleros tales como “Noche Inovidable”, “Luna Liberiana”, “Recordando mi Puerto”  y “Eso es imposible”. Los boleros se acompañaron del baile por parte de bailarines de la Compañía de baile Esencia Latina, Kerube, Academia Baile Kinesis y el Grupo Coreográfico Sabor Latino.

Seguido, le correspondió a la “Juvenil” acompañar a su ex-concertino, el violinista costarricense José Andrés Valerio, en la intepretación apasionada de un arreglo orquestal llano de una de las obras insignes del tanguero Carlos Gardel, “Por una cabeza”.

En la obra que sería el punto alto de la noche, la orquesta interpretó “Inspiraciones Costarricenses”, composición conocida de Guzmán, interpretada ya en muchas ocasiones anteriormente.  La obra reúne temas costarricenses conocidos fue acompañada por bailarines de la Compañía Folclórica Matambu, el Grupo de Proyección Folclórica Nacaome y la Asociación Folclórica El Labrador. El tema metió de lleno a un público hasta el momento pasivo, quienes acompañaron con “guipipías” y silbidos al estilo guanacasteco. Sin duda la obra más aplaudida de la noche.

El compositor Guzmán, que asistió al concierto manifestó su emoción tras escuchar dos de sus obras en un escenario masivo. “Es muy emocionante, una manera de recalcar que los ticos amamos nuestra música.  Me siento orgulloso y contento, es especial debido a la cantidad de gente, además la coreografía le sumó mucho”, señaló el músico.

Para cerrar su participación, el maestro Araya y la Orquesta Juvenil realizaron una rendición, al estilo "Dudamel" del Mambo del musical “West Side Story”, de Leonard Bernstein.

El cierre de concierto perteneció a la Orquesta Sinfónica Nacional, quien abrió con la premier de las “Fanfarrias de Estadio”, obra compuesta por su director titular Daniel Nazareth para la ocasión. El tema contó con la participación del Coro  Sinfónico Nacional y trompetistas invitados de varias Bandas de Conciertos de la Dirección General de Bandas. La obra incluía al coro vitoreando “pura vida” y un efecto perdido de trompetas de fanfarria debido a la mala amplificación.

Le siguió el preludio a la ópera “Carmen”, de Bizet, y la suite II de “La Arlesiana” del mismo compositor. Esta última se acompañó de la Compañía Flamenca Cal y Canto, que aprovecharon el tema para lucirse con sus abanicos rojos.

Continuó el concierto con otra composición de Nazareth,  esta vez un extracto de su ópera “El Puente de Leonardo”. Una vez más la amplificación jugó una mala pasada y el solo del concertino, al estilo “Malagueña”, fue inaudible en las dos ocasiones en que la obra fue ejecutada. Un mal entendido entre la orquesta y la Compañía de flamenco Zingari forzó al director a repetir la obra como un “encore”, ya que la primera vez las bailaoras no bailaron aunque fueron anunciadas. Las bailaoras de esta academia se presentaron en esa segunda ejecución de la obra con una bata de cola y un maquillaje de fantasía. 

Fue el turno de la soprano costarricense radicada en Alemania e Italia, Íride Martínez, de presentarse ante la cuantiosa audiencia. El público se deleitó con dos arias de la ópera “Carmen”: el aria de Micaela y la reconocible “Habanera”. Martínez se dio a la tarea de “amarrar” al público con su actuación, la cual modificó para un escenario y público más grandes de a lo que se encuentra acostumbrada. El público le agradeció su participación con varios minutos de aplausos.

Como última obra dentro del programa, la orquesta interpretó la obra “Bolero” de Maurice Ravel, conocida por su tema, el cúal fue repetido por varios instrumentos de la orquesta durante dieciséis minutos. La obra fue acompañada por las bailaoras de la Compañía de Flamenco Al Andalus, quienes destacaron con sus trajes verdes y blancos, sus zapateados, mantones, castañuelas y abanicos.

Para cerrar el concierto, Nazareth regaló repeticiones de sus dos obras, para un público que no esperaba dicha extensión. La salida de los presentes al concierto fue acompañada por un juego de pólvora.

Al finalizar la noche las miles de personas escaparon de la Sabana, tras haber tenido la experiencia de ser la audiencia más grande de un concierto sinfónico ha tenido en nuestro país.