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Rocío González Urrutia es la directora de Al Andalus, quienes pondrán en escena este domingo "La Vendedora de Fósforos".
Flamenco contará cuento navideño este domingo
Rocío González, directora del espectáculo de flamenco "La Vendedora de Fósforos", nos revela algunos detalles tras la adaptación de este cuento navideño.
07/12/2010 8:48 PM
Eunice Báez Sánchez
ebaez@redcultura.com

Este domingo 12 de diciembre, el grupo de flamenco Al Andalus y todas las bailaoras de su academia de baile presentarán un espectáculo que recrea un cuento navideño del escritor Hans Christian Andersen: "La Vendedora de Fósforos".

Este cuento fue escrito en 1845 y ha sido traducido a múltiples idiomas y lenguajes. En español, se le ha llamado "La Fosforera", "La Niña de los Fósforos" o "La Vendedora de Cerillos"; y ha sido adaptado a lenguajes tan diversos como el cine, la música, la televisión, la literatura y hasta el animé.

Sin embargo, esta es la primera vez, que se sepa, que la triste historia de la niña es contada mediante los códigos del flamenco.  Esta adaptación estuvo a cargo de la bailaora Rocío Gónzalez, directora de la Academia de flamenco Al Andalus.

En España son tradicionales las familias completas dedicadas al flamenco, generaciones de hombres y mujeres que viven y gozan de esta tradicional disciplina desde muy jóvenes. Aunque la tierra del flamenco está al otro lado del mar, acá en Costa Rica este fenómeno ocurre, aunque sea de una manera más discreta.

Rocío González Urrutia es una auténtica bailaora de flamenco que lleva en su sangre las Alegrías, Tientos y Farrucas;  no solo es profesora y la directora  de la Academia de Flamenco Al Andalus, sino que su familia además se ha tejido alrededor  de esta disciplina. Su madre, la bailaora Patricia Urrutia, llegó a Costa Rica desde Guatemala, y fue quien le enseñó todo lo que sabía de flamenco desde que aprendió a caminar. Su esposo Jose y su cuñado Juan son cantaores que heredaron el arte del “cante” de su padre de origen sevillano. Rocío, nutricionista de profesión, le dedica una buena parte de su vida al flamenco, aunque sea una tica que arrastra la “r”.

La Academia de Flamenco Al Andalus nació oficialmente en 1991, aunque desde 1983 formaba bailaoras, y desde entonces se ha dado a la tarea de formar e investigar acerca de este arte español que poco a poco ha ido calando en nuestra sociedad costarricense. Desde 1993 la Academia monta espectáculos de flamenco, y a cada uno les imprime un elemento diferente, siempre en constante innovación e investigación.

Rocío conversó con RedCultura acerca de este nuevo proyecto de "La Vendedora de Fósforos", así como de su familia, tejida alrededor del arte andaluz. 

En España es muy tradicional que el flamenco se viva en familia, sin embargo es algo extraño que también ocurra en Costa Rica. Su historia es un poquito particular en ese sentido…

Bueno siempre vacilamos, porque nos han dicho que somos la dinastía flamenca de Costa Rica, (risas) o una cosa así; porque de alguna forma, si una se va a lo que es flamenco en España pues todo es familiar. Allá siempre se hace una transmisión de padres a hijos… y sin querer queriendo, sucedió lo mismo del otro lado del mar. A mi mamá le enseñaron a bailar desde muy pequeña, en Guatemala hay mayor tradición de danza española que acá, entonces cuando las niñas son pequeñas o escogen ballet o baile clásico español. Todas mis tías se inclinaron por clásico español porque a mi abuela le fascinaba todo lo que tenía que ver con España, aunque no era española. Cuando mi mamá vino aquí empezó a acercar alumnas e hizo una de las primeras academias de flamenco de Costa Rica. Luego, por esas coincidencias del destino, conocí a mi esposo en una de las presentaciones que se hicieron y estamos aquí casi 20 años después.

También hay una tradición heredada de la familia de su esposo, relacionado con el cante…

El papá de Jose, mi esposo, don Fernando Mejías, es sevillano. Su padre falleció cuando él tenía 2 años y se crió con su abuelo materno. Su abuelo era muy aficionado al flamenco y lo llevaba a los mejores lugares de Sevilla a ver y escuchar, Fue por ello que pudo conocer muy cerca de su barrio, la Alameda de Hércules, a figuras como Pastora Pavón (la Niña de los Peines), Pepe Pinto, Manolo Caracol y muchos otros artistas de la edad de oro del flamenco. El abuelo Fernando también cantaba flamenco y entonces don Fernando empezó a cantar por imitación. Es una persona que ha estudiado mucho el cante flamenco.

Sus dos hijos, Jose y Juan, crecieron escuchando a su padre cantar, así es como ellos empezaron a involucrarse en todo lo que tiene que ver con el flamenco, entonces desde muy chiquitos han estado acostumbrados a escucharlo. De hecho es interesante porque generalmente en las familias de flamenco se aprende a hacer lo que complementa. Entonces si el padre es cantaor, lo tradicional es que los hijos sean guitarristas y las hijas bailen; sin embargo aquí ellos lo que hacen es cantar.


¿Cuál es el  proceso que se lleva a cabo para montar un espectáculo como “La Vendedora de Fósforos”?

Primero se montan pasos y coreografías con cuentas y luego se agrega la música. Antes hacíamos al revés, porque el acceso que teníamos a material musical era limitado. Entonces, si los cantaores se sabían una Alegría que el papá les había enseñado, nosotras nos la aprendíamos tal y cual se la sabían y montábamos el baile ahí. Después empezamos a utilizar el compás para enseñar a las alumnas porque no todas tenían  el oído para aprenderlo, musicalmente hablando. Entonces había que enseñarles a contar dentro del baile, igual como se cuenta en baile popular o danza moderna; el flamenco tiene sus cuentas particulares, dependiendo del tipo de baile que es. La mayoría de los palos están contados en 12 tiempos o 4 tiempos.  Es un poco extraño para el oído de este lado del mundo.

Además, parte de lo que debe desarrollar una bailaora es que pueda después improvisar. La gente muchas veces cree que cuando se improvisa en el tablao es porque la inspiró el espíritu santo (risas)  y no, una tiene que tener un conocimiento previo de pasos para desarrollar una determinada estrofa en improvisación. Entonces el hecho de montar música ha sido difícil para las bailaoras viejas que han tenido que acostumbrarse a ser más matemáticas que musicales, pero para las personas nuevas resulta más fácil luego adaptarse a la música. Es un poco extraño, porque estás haciendo algo que es muy musical, pero lo estás trabajando a pura cuenta. 

¿Cuál es el proceso con la música en vivo?

Una vez  que ya montamos el baile, yo me siento a escuchar, escuchar y escuchar música. Por ejemplo, para este montaje quería un baile por Tientos,  entonces yo escuché no sé cuántos Tientos que se adaptaran a lo que queríamos contar en la historia, y si había una letra que casi era lo que necesitaba le hacíamos el cambio a la letra. En otros casos como en la Bulería nos sentamos una noche a ver que se nos ocurría, porque las letras de Bulería hablan más de fiesta y de amor;  no podíamos usar letras tradicionales, nos tocó inventar un  poco. Entonces usando el soniquete de las letras tradicionales fuimos montando los versos que necesitábamos.


Precisamente algo muy llamativo y destacable de Al Andalus son las letras de la música que utilizan...

A mi esposo Jose le gusta mucho estudiar el cante y tiene muchísimas grabaciones antiguas, por eso hemos incorporado muchas letras antiguas que están en desuso. El  flamenco tiene la particularidad de que las letras antiguas son muy sencillas; son cosas muy cotidianas sin versos tan elaborados. Entonces partiendo de esas letras sencillas hemos llenado las necesidades  de acuerdo a la historia o lo que necesitamos que el baile diga, y así pues expresar lo que queremos.


¿Por qué eligieron montar una versión para flamenco de “La Vendedora de Fósforos”?

La experiencia que tuvimos cuando hicimos hace tres años el espectáculo “Al Andalus en Nochebuena” nos gustó mucho, y queríamos retomar un tema de Navidad. Lo malo es que la historia más tradicional de la navidad es el Cascanueces y nadie camina más allá, entonces empezamos a buscar otras historias. Tenía que ser una historia donde sólo participaran mujeres, porque si no teníamos que integrar a bailarines de otras disciplinas y yo no estaba convencida de hacer esas mezclas. Empecé entonces a buscar otras historias y cuentos, no sólo de Navidad… hasta que llegué a “La Vendedora de Fósforos” del escritor danés Hans Christian Andersen y me pareció que podía ser una posibilidad interesante. Recuerdo que Jose me dijo que ese cuento era tan corto que la función iba a durar media hora, pero empecé a elaborar la historia de forma que se pudiera extender. Yo creo que les gustó mucho a todas las bailaoras porque es algo muy diferente a lo que hemos hecho y además quienes participaron en “Al Andalus en Nochebuena” revivieron el buen recuerdo de lo que fue esa función.


¿En qué se diferencia de otros montajes?

Se diferencia en que los otros trabajos no van hilados, sí llevan un hilo conductor, pero no tienen un personaje o diferentes personajes que caminen o evolucionen a través del tiempo del espectáculo. Por ejemplo, en “Al Andalus en Nochebuena” el hilo conductor eran los villancicos andaluces; pero no tenía personas que tenían que desarrollar sus personajes. Este montaje ha implicado un poco más de trabajo a nivel de actuación, sobre todo con el grupo más avanzado, para poder desarrollar los personajes del cuento. En algún momento valoramos la posibilidad de tener a alguien que narrara el cuento en vivo, de tener una voz en off o incluso incorporar algunas estrofas de algún poema que hiciera referencia al cuento; pero todo nos parecía muy trillado. Al final decidimos montarlo sólo con baile, confiando en que se iba a entender.


Sin embargo se trata de un cuento muy triste, además de tener lugar en la época de Navidad y no ser tan conocido ¿por qué decidieron montar esta historia?

Es muy triste, pero también es muy real. Aunque es un cuento de 1845 es doloroso darse cuenta que tantos años después estamos con una situación muy parecida, de tener niños solos en las calles. Además mi hermana Alicia que es parte de la compañía, tiene varios años de estar trabajando con el Hogar del Adulto Mayor Alcohólico e Indigente a quienes le vamos a donar parte de la taquilla de este montaje, entonces las historias de adultos mayores de ese lugar nos inspiraron a buscar una historia que también sirviera para reflexionar acerca del verdadero sentido de la época, en la que sólo pensamos en las cenas y los regalos. A veces no queremos ver esa realidad que tenemos presente todo el año. Entonces esta fue otra motivación para elegir esta historia.

Además, por la capacidad expresiva que tiene el flamenco, es posible manejar estas sensaciones tan fuertes de soledad, tristeza y desamparo que en algunos momentos de la historia se sienten.

¿Cómo trabajan el tema de la actuación de los distintos papeles?

En los trabajos anteriores, si bien no ha sido actuación como tal, en el sentido del desarrollo de un personaje, hemos trabajado mucho la puesta en escena, porque es difícil expresa tanto sólo físicamente. Por ejemplo, este año retomamos una Farruca que trabajamos el año pasado, pero el año pasado no existía personaje entonces se ocupa de toda una contextualización donde se requieren ciertos movimientos del cuerpo y una no puede hacerlo feliz porque entonces eso le va a restar a todo el trabajo corporal, ahí es donde entra la profesora de teatro. En esta parte de desarrollo de personajes sí nos ha costado mucho. Hay bailaoras que son muy tímidas entonces sienten terror. Silvia (Sossa, actriz) hace ejercicios que les ayudan a ellas a crear sus personajes y entender que no son ellas las que están en el escenario sino que son sus personajes.


¿Cómo se elaboró el vestuario? ¿Cuál fue el proceso?

A mi vecina Hannia (actual diseñadora y costurera de Al Andalus) yo la involucré en el trabajo con la academia hace 3 años, ella no sabía nada de coser para flamenco. La historia  con las costureras siempre fue terrible, porque cosen para baile típico costarricense y no para flamenco, existe cierta forma en que deben cortarse las cosas y pegarse para que el vestido dé sensación que un vestido de flamenco, ciertas características. Yo aporto ideas en cuanto al diseño y le trato de explicar cómo me gustaría que se vea el vestido, y ella trata de crear lo que yo me estoy imaginando. A veces buscamos ideas en Internet de otros tipos de ropa… vuelos, mangas, cortes, y vamos haciendo mezclas. Creo que ya el año pasado, después de tres años de proceso, Hannia hizo el vestuario más lindo que hemos tenido y este año está precioso también.


¿De qué se forma se diferencia Al Andalus de otros grupos de flamenco que hay en Costa Rica?

Tal vez que tenemos personas que se han quedado muchos años, la permanencia pues. Tengo alumnas que bailan conmigo desde que eran muy niñas y ya son mujeres adultas. Yo en lo particular he tratado de educarlas dentro de un ambiente que no sea altamente competitivo y que dé la oportunidad a todas de desarrollarse y crecer; y que aprendan que son un  equipo de trabajo, que no son estrellas en el firmamento, sino que son un equipo. Aunque esto a veces es difícil porque siempre  la competencia va existir, creo que lo hemos logrado muy bien y creo que eso es diferente de lo que una escucha en gente que ha salido en otras escuelas.

Y bueno, también que tenemos un equipo de músicos muy bien consolidado.

¿Cómo recibe el público tico el flamenco?

Se han abierto más puertas y a raíz de todo el acceso de espectáculos de calidad internacional han permitido que las personas conozcan más de esta disciplina y que crezca el número de aficionados, así como el número de personas que practican baile. Aun así el problema es que hay algunos conceptos equivocados que se han transmitido como de flamenco muy comercial, entonces cuando una quiere trabajar otros tipos de palos flamencos es difícil porque el público no los recibe igual por el desconocimiento, pero en general yo siento que va creciendo y que cada día la gente se enamora más de este arte.

 

"La Vendedora de Fósforos" se presentará este domingo 12 de diciembre en el Teatro Eugene O' Neill, en funciones de 3 y 7 p.m. Participan 48 bailaoras y 7 músicos. Las entradas se pueden conseguir llamando al 8845 1753 o al 8342 4083. Aún quedan para la función de las 3 p.m., la de las 7 ya están agotadas. Más información sobre el espectáculo aquí. 

 

 

Algunos términos de la jerga flamenca: 

Flamenco: género de música y danza originario de Andalucía, al Sur de España. Aunque generalmente se le asocia con el pueblo gitano, su historia tiene influencia de muchas culturas que pasaron por esta región de España, como los musulmanes, los judíos sefarditas, fenicios, griegos, romanos  y otros. Este género se compone del cante, el toque y el baile; además a partir de este año el flamenco fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Cantaor /cantaora: la persona que interpreta el cante flamenco es conocida como cantaor o cantaora, en lugar de decir “cantante”.

El toque: se refiere a la forma en que ejecutan los guitarristas flamencos, que se diferencia de la guitarra clásica. El guitarrista flamenco apoya su instrumento sobre las piernas cruzadas, usan técnicas particulares para “rasgar” las cuerdas de la guitarra y además suelen usar el instrumento como elemento de percusión. A quien toca la guitarra se le dice guitarrista, no "tocaor" como algunos creen.

El baile: se trata de la danza asociada con la música flamenca. Se caracteriza por el zapateado rítmico, el uso expresivo de los brazos, la intensidad emocional y el orgullo demostrado por sus ejecutantes.

Bailaora/bailaor: la persona que interpreta el baile flamenco. No se les dice bailarines. 

El duende: es el espíritu del flamenco, el "pellizco" que deben tener los ejecutantes para hacer flamenco de verdad.

Coplas o estrofas: cuatro versos que componen la letra de una canción.

Palos: es el nombre que se le da a cada una de los ritmos tradicionales del cante flamenco. Se pueden dividir según su métrica en cinco grupos: los de métrica de 12 tiempos (que a su vez se dividen en los compás de soleá y los compás de seguiriya); los de métrica binaria y cuaternaria; los de métrica ternaria; los de métrica polirrítimica y los métrica libre. También se pueden dividir según su origen musical y procedencia geográfica.

Soniquete: la base melódica de los palos.

Tientos: un palo binario, del grupo de los tangos. La copla de los tientos consiste en tres o cuatro versos octosílabos seguidos de un estribillo.

Farruca: uno de los palos más recientes y tiene un aire de soleá.

Soleá: sus coplas se componen de tres versos con octosílabos con rima asonante. Generalmente tratan el tema de la soledad y el desengaño.

Bulería: palo flamenco de tres o cuatro versos octosílabos, es un palo bullicioso fiestero y alegre. Admite mejor que ningún otro estilo los gritos de alegría y el jaleo

Tangos: otro palo flamenco de tres o cuatro versos octosílabos, originario de Cádiz y Sevilla. Se descarta cualquier relación con el tango argentino.

Tablao: espacio donde tiene lugar un espectáculo de flamenco.

Jaleos: son las exclamaciones e interjecciones propias de la cultura del flamenco como ¡olé! ¡guapa !¡venga! ¡esa' mano' como paloma'!