El más reciente hallazgo de la obra del cronista más importante de la Costa Rica del siglo XIX, Jose María Figueroa, es un lujo: más personal, más ácido pero igual de interesante.
13/06/2010 11:00 PM
Natalia Rodríguez Mata
nrodriguez@redcultura.com
José María Figueroa es el más importante cronista de la Costa Rica del siglo XIX. Su obra conocida más importante es precisamente el Álbum de Figueroa, el cual consiste en un conjunto de textos y dibujos realizados por él, que narran parte de la historia de Costa Rica durante el siglo antepasado (la vida, las costumbres de la época, planos de ciudades, la flora, entre otros aspectos). Se encuentra en el Archivo Nacional y el año pasado fue declarado Patrimonio Documental del Mundo por la UNESCO.
Sin embargo, recientemente se supo que este no es el único material que Figueroa realizó. En el año 2007, durante un inventario en la biblioteca del ex presidente de la República Rafael Yglesias Castro (quien vivió de 1861 a 1924), se encontraron cinco cuadernos con textos y dibujos antiguos cuya autoría es de Figueroa. Los cuadernos son muy distintos al álbum. Son más personales. Contienen anotaciones satíricas, caricaturas de los políticos y de los principales personajes costarricenses en las dos últimas décadas del siglo XIX, así como recopilaciones de poemas y canciones humorísticas.
“El libro cuenta con casi 600 folios. Brinda una visión personal y satírica de los gobiernos de Próspero Fernández y Tomás Guardia. Rescata a un dibujante que no tiene el lugar que se merece en la historia del arte y es un libro muy placentero”, dice el filólogo Carlos Porras, compilador del libro.
El dibujante caricaturizaba a los personas políticos de la época al dibujarlos como animales. “Figueroa muestra a Tomás Guardia como un pelícano o una garza, ataviado con traje militar y espuelas y poniéndole un bozal a su sucesor: Aniceto Esquivel. Este resulta ser un voluminoso hipopótamo que aparece también en otras escenas, rodeado de una comitiva y ejerciendo la Presidencia... con bozal”, comenta la historiadora del arte Gabriela Sáenz-Shelby, quien ha analizado estos cuadernos de Figueroa.
“Yo digo que si Figueroa estuviera vivo sería bloguero", dice Carlos Porras. "El bloguero que saca lo que tiene se desahoga como Figueroa se desahoga en su cuaderno, con la diferencia de que los blogueros sí tenían visitantes. Eso cambia hasta hoy que ya está publicado el libro”.
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