La ganadora del Premio Nacional de Poesía 2009, conversó con RedCultura sobre su libro, su experiencia como poeta y sus impresiones de la escena literaria costarricense.
15/02/2010 3:04 PM
Daniela Muñoz
Colaboradora RedCultura
dmunoz@redcultura.com
El libro “Trópico de Mi” de Lil Picado, resume un viaje circular interior y exterior de la autora. El poemario hizo merecedora a su autora Lil Picado, del Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en la rama de Poesía. Trópico viene de “tropos”, que significa el empleo de las palabras en sentido inverso del que corresponde. Picado la utiliza en el título, simbolizando un giro y a la vez, haciendo referencia a su origen tropical. El libro está compuesto por 32 poemas agrupados en once “trópicos” y fue publicado bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Costa Rica . Todo el poemario cuenta con ilustraciones de la artista Marisel Jiménez .
La poeta conversó con RedCultura.com sobre su libro, su trayectoria y sus impresiones en torno a la escena literaria costarricense. ¿Como empezó su relación con la literatura?
Hay una parte que siempre es de misterio, aunque en mi caso el misterio tal vez no sea tanto, pues es una relación que viene desde mis ancestros, por lo menos que yo sepa desde mi bisabuelo. Mi padre era poeta, de hecho ganó tres veces el Premio Aquileo, murió en 1988, se llamaba Mario Picado. El papá biológico de mi papá era don Napoleón Quesada Vargas, que escribió algunos poemas, pero se dedicó sobretodo a la enseñanza de las letras y el papá de don Napoleón, se llamaba Napoleón Quesada Salazar, mi bisabuelo biológico. El era de donde viene la raíz primera de esta relación con el lenguaje, era una persona brillante en el área de las letras, aprendió latín y griego autodidactamente, traducía a Ovidio, era un tipo brillante y muy reconocido, y como era el abuelo de mi papá, pues de ahí le venía. Porque el misterio de la poesía también tiene una forma genética de manifestarse. En el colegio empecé a escribir un poco más, en la universidad me afiancé y aunque no publiqué inmediatamente -de hecho estudié teatro y danza- por ahí me fui. Estuve viviendo en España mucho tiempo y fue hasta 1982 que publiqué mi primer poemario porque en eso yo soy muy autocrítica, muy implacable. Creo en la espontaneidad, pero creo en el trabajo en función de la espontaneidad. ¿Cuántas obras ha publicado?
Seis libros, más una obra que se llamaba "Fuego y Sombra", inspirada en la vida y muerte de Federico García Lorca. Fue una obra multidisciplinaria, es decir, era una obra en verso pero también incorporaba parte de las obras de Lorca insertas y se estrenó en el Teatro Nacional. Benjamín Gutiérrez hizo la partitura, participó la Compañía Nacional de Danza, se estrenó en 1986. Además tengo obras en antologías latinoamericanas y españolas. ¿Cuales son los temas recurrentes en su poesía?
La poesía más que temas, hay percepciones, estados de conciencia. Entonces, no tengo temas. Yo todo lo que toco, lo toco amorosamente. Eso no quiere decir que lo toque complacientemente. Puedo escribir cosas implacables, sin contemplaciones para mi propia desnudez o mi propio dolor, cuando se trata de esas sensaciones o sin ningún tipo de concesión cuando se trata de otra clase de temas. Pero es que la poesía es el tema en sí misma y el poeta es su propio tema, no en sentido egolátrico, sino que la fuente está dentro de uno. ¿De donde sale toda aquella materia prima? Es uno mismo. La poesía se canta a sí misma. ¿Como ha evolucionado su trabajo con la poesía, desde que inició hasta ahora, que recibe este reconocimiento?
Supongo que he evolucionado en la plenitud que siento con mi propia expresión. Al principio uno está con la palabra, como un bailarín que está empezando con el cuerpo, aprendiendo a enterarse que tiene cuerpo. En este caso igual pasa con la poesía, uno empieza a hacer aproximaciones hacia la palabra, hacia la expresión con palabras, al principio cuesta más, y no encuentra palabras. Pero llega un momento en que ya uno con la palabra juega, que ya no puede separar la poesía de la palabra. Yo me siento absolutamente cómoda con la palabra. ¿Cómo reaccionó al saber que le otorgaron el Premio Nacional?
Con sorpresa y alegría. Siempre hay un factor sorpresa, pero es inevitable no tener alguna expectativa, básica, elemental, puesto que uno publicó algo en el 2009 y pues sería mentir decir que en algún momento no me pregunté si podrían darme el premio a mí. Claro que me lo pregunté, pero fue sólo una pregunta suelta, porque es terrible crear expectativas que no se cumplan y porque yo no suelo girar en torno a los premios y reconocimientos. Pero que no gire en torno a ellos no quiere decir que no me ayuden a estimularme y a echar a andar. No giro en torno a ellos, pero me ayudan a girar mejor alrededor de la poesía. ¿Cómo motiva este premio su trabajo?
Más que premio, es un reconocimiento. Un reconocimiento con todo lo que etimológicamente significa esa palabra. Es como una colectividad que te dice: “sí, te conocemos, te reconocemos, vos sos vos y hacés lo que hacés y reconocemos los frutos que das”. Es como que hay algo que lo reafirma a uno en su identidad, en su vocación y en su elección de caminar de acuerdo con esa vocación, porque -sobretodo tratándose de la poesía- es una elección dura. Si el arte a veces es la cenicienta del acervo cultural de una civilización o de un pueblo en esta época en que vivimos, la poesía es particularmente la cenicienta de las cenicientas. ¿Cómo percibe el estado de la escena literaria costarricense?
Yo creo que el panorama actual de Costa Rica goza de muy buena salud, pero gozaría de mejor salud si se considerara -no caer en paternalismo ni mecenazgos mal entendidos- pero podrían haber unas ciertas becas cortas, que te den seis meses, un año, en que uno se comprometa a terminar un proyecto, un libro. Pero casi siempre pues uno cuando precisa esas cosas no hay y uno siempre tiene que darse la vida con otra cosa. Y el poeta necesita una relación muy particular espacio-temporal para dar los frutos que le son propios. ¿Cuál es su opinión acerca de las ramas de los Premios Nacionales que fueron declaradas desiertas?
Yo me he mantenido callada al respecto porque no conozco todos los libros concursantes. Sí me parece confuso dar una mención, porque si no se va a dar el premio lo mejor es que sea desierto y punto, no tratar de paliar el asunto con una mención. Pero profundizando más en el tema, yo me siento agradecida con el jurado que decidió que mi obra merecía el premio. Entonces, ni nace de mi corazón, ni estoy en la posición de ponerme en contra de mi misma y desprestigiar mi libro, si pongo en entredicho el criterio del jurado; porque el jurado que declaró esas ramas literarias desiertas, consideró que mi obra merecía el premio. Entonces, ¿qué puedo decir yo? Ahora hablemos sobre Trópico de Mí, ¿dónde nace este libro?
Pues en mí, aunque obviamente hay paisajes externos que me ayudan a comunicarme conmigo, en los que yo me reflejo, me identifico, que yo interiorizo para cantarlos. Es curioso, porque en este sentido, los autores de los prólogos coinciden que el libro encarna de manera muy precisa lo que es el origen de la palabra trópico, que viene de la palabra griega tropos, es decir girar, dar vuelta. Ese trópico de mi, es un viaje, es un giro para llegar a ese mismo punto pero con otra conciencia al respecto y también se refiere un poco al trópico que circunscribe el planeta. Y el trópico es una manera de vivir la vida, de sentirla, una manera particular de amar, un sentido del humor muy especial, el humor negro o verde tropical, una "saudade", una serie de cosas que le son propias al paisaje pero también yo hago mías. El libro es una profunda cavilación. Es como decir aquí estoy, como el final de cuentas de un giro, de una etapa, de un trópico y por eso se llama como se llama. Escribir poesía es atreverse a quedarse desnudo, lo que pasa es que antes de eso hace muchas cosas, da vueltas, rehúye a esa verdad que es dolorosa, porque la poesía es algo dolorosa también. Pero después de escribir este libro, cuando ya iba a para el horno, sentí que ahora sí, que ahora sí creo que ya escribo. Y no porque mis obras anteriores no valgan, sino que a veces todo son aproximaciones para llegar a una eclosión, a una plenitud mayor.
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