Adriana Álvarez, protagonista de la nueva película costarricense del director Esteban Ramírez, cuenta su experiencia en su papel de “Jessie”, joven muchacha que debe enfrentarse al embarazo adolescente.
06/09/2009 10:00 PM
Adriana Alvarez
Colaboradora de RedCultura
“Voy a protagonizar Gestación, la nueva película de Esteban Ramírez", me repetía a mí misma una y otra vez para darme cuenta que era realidad.
El lunes 21 de abril del 2008 fue el día que se me abrieron las puertas del mundo de la actuación.
Después de un largo tiempo de espera, en el que estuve sometida a castings, ensayos, pruebas de vestuario y hasta frustración por la impaciencia, mi gran ilusión se hizo realidad. Al fin había llegado la fecha por la que había esperando más de un año y probablemente toda mi vida.
No voy a jugar de valiente, tenía unos nervios que nunca antes había sentido. Sentía mucha presión, tanta que la semana antes me dio una tortícolis insoportable. Estaba asustada y no era para menos, constantemente me acordaba que ese proyecto en el que se había estado trabajando más de dos años dependía en gran parte de mí. Mi trabajo iba a responder en gran parte por esa filmación que va a ser parte de la historia del Cine Costarricense.
Nunca me estreso, pero literalmente NUNCA, sin embargo en esas fechas era el sentimiento más pronunciado en mí, junto con muchos más. Era un encuentro de emociones constante, desde ilusión, felicidad, conmoción hasta sensibilidad ante cualquier situación que se presentara en esos días.
Quería impresionar a Esteban (Ramírez, el director) y a toda la producción, quería convencerlos de que habían elegido a la persona correcta para ese complicado personaje: Jessie, una adolescente de 16 años de clase social baja que queda embarazada por un descuido o mejor dicho, por falta de educación sexual.
Empezando…
Ese primer día empezamos en el Museo Nacional, nuestra primera locación. Iba bien nerviosa de camino. El llamado fue a las seis de la mañana para desayunar y empezar a filmar a las siete.
No conocía a casi ninguno de los miembros de la producción, solamente a uno que otro que había visto en la oficina de Esteban. Ahí me di cuenta de otra tarea que tenía que hacer: conocer y llevarme bien con toda esa gente para que el trabajo fuera “buena vibra” y agradable.
A las siete de la mañana en el bulevar frente al Museo Nacional en la Avenida Segunda, en San José, finalmente empezamos el rodaje. Gestación empezaba a cobrar vida. También por primera vez en esas seis semanas se oyeron las palabras “prevenidos, corre cámara, ¡ACCIÓN!”. No sé cómo explicar todo lo que sentí en ese momento, pero cuando me di cuenta ya habíamos grabado la primera escena, y pensé “definitivamente esto es lo mío”.
Ese día terminé tremendamente cansada ¡Y apenas estaba empezando! Al día siguiente el llamado era a la misma hora, y yo que no estoy acostumbrada a madrugar, supe que lo tendría que hacer el resto del rodaje. Eran tantas las ansias por actuar que ni me importaba, por lo menos eso pensé durante la primera semana.
Poco a poco comencé a conocer a toda la gente que estaba compartiendo conmigo jornadas de trabajo de 12 horas diarias y a veces hasta de 14. La pasábamos muy bien juntos e hicimos química rapidísimo. Confirmé ese sentimiento, cuando un día hablando con el director, me dijo: “Estoy muy contento con todo el equipo, porque normalmente hacer un largo es de mucho estrés y la he pasado tan bien, me han ayudado tanto y hay tan buena vibra que no he tenido tiempo de sentirlo”.
Las jornadas eran largas, cansadas y había momentos del día muy estresantes por distintas situaciones, como que no me salía una escena o simplemente por la acumulación de cansancio. Entraba entonces en momentos de debilidad donde me daban ganas de dejarlo todo. Sin embargo, cuando un día de filmación se terminaba, sentía una satisfacción tan grande que me olvidaba de todo pensamiento negativo.
Las complicaciones del personaje A pesar que pasé poco más de un año conociendo a mi personaje, me fue difícil poder entrar en él por completo. A Jessie la conocía más que bien. Era una adolescente tímida, muy inteligente, de clase social baja, que se encuentra en una etapa de la vida donde surgen varios problemas a raíz de un embarazo no deseado.
Sin duda alguna era un papel complicado, muy diferente a mí. Niña embarazada, que se ve discriminada debido a su embarazo y que vive en un barrio marginal de nuestra capital. Pero esto no quitaba mi deber de meterme en el papel para que mi actuación fuera buena. En ciertas ocasiones ella y yo nos volvíamos una en un instante, pero en otras vivencias suyas me costaba un poco más que compenetráramos, lo que me resultaba completamente frustrante.
Los momentos en que tenía que verse enamorada era lo que más me costaba. “¿Cómo me veo enamorada de alguien que apenas estoy conociendo?!”.
No sé porqué sentía un bloqueo inmediato en mi mente cuando tenía que hacer escenas de este tipo, me salía de Jessie y volvía a ser yo, lo que hacía que me pusiera como tiesa ante la situación, poco natural y sentía una frustración tan grande como nunca en mi vida. Así que empecé a trabajar en eso, a preguntarme qué era lo que me estaba pasando ¿Por qué me resultaba tan fácil y natural hacer de embarazada, que era algo supuestamente complicado para alguien como yo que nunca lo ha vivido antes, o verme triste y a veces hasta llorar? Hasta el día de hoy, para ser sincera, no lo tengo muy claro.
Decidí hacer un esfuerzo sobrenatural para lograr que esas escenitas me salieran. Conforme pasaron los días y conocí un poco más a mi coprotagonista, esos problemas se me fueron solucionando, aunque siempre fueron las escenas que más me costaron y las que menos me gustó hacer.
Finalmente logré superarlo y pude dejar que Jessie entrara en mí en un 100%. Ahora me asusto de la capacidad que tiene uno de llegar a sentir y vivir como una persona completamente ajena.
Villa Esperanza de Pavas
El primer día que llegamos al barrio de Jessie todos íbamos con un poco de miedo, o al menos yo sí. Nunca había estado en un lugar como ese. Algunas casas estaban literalmente cayéndose, otras muy humildes pero de un nivel económico un poco superior, pero en general todas se encontraban en muy mal estado. Claro, lo que “salvaba” el lugar era la maravillosa vista que tiene al Hospital Cima, Multiplaza, Hotel Real Continental, plaza Iskatzú y la gran zona de Escazú. Parece que en cualquier momento un edificio de esos se podía comer el lugar entero.
Me quedé un momento pensando en la cantidad de veces que había pasado por la autopista que pasa entre esos edificios y el cañón que está a la par de Villa Esperanza, donde con claridad se puede apreciar ambas vistas, sin percatarme percatado de semejante realidad.
La casa se encontraba al puro fondo de la alameda, topando de frente con esa “hermosa” vista. Estaba impresionada con la amabilidad, simpatía y felicidad que desprendían tanto los dueños de la casa como los vecinos.
La supuesta casa de Jessie era bastante pequeña para las casi 50 personas que conformábamos el crew; obviamente no cabíamos adentro, por lo que se empezaron a acomodar afuera, lo cual resultaba bastante incómodo. Pero bueno, si esa gente puede vivir así definitivamente nosotros podíamos pasar unas semanas o unas horas en esa incomodidad que viene a ser el hogar de esas personas, pensé.
Los vecinos de la casa en que estábamos nos abrieron las puertas de sus viviendas para que nos acomodáramos e invadiéramos. Ya fuera para vestuario, luces, maquillaje y todo lo que traíamos con nosotros. Terminamos siendo el entretenimiento de todo el barrio, ya que pasamos ahí aproximadamente dos semanas completas de las seis de rodaje. Todos los vecinos salían a vernos y los niños al llegar de la escuela en las tardes, se iban a parar con nosotros hasta altas horas de la noche cuando dejábamos el lugar.
Esta terminó siendo una de las locaciones que más disfruté, en la que compartí con más gente y en la que aprendí muchas cosas de las que antes ni me imaginaba y no sólo como visitante, porque de una o otra manera supe lo que es vivir en un lugar así. Después de esa experiencia siento que soy un poco más humana.
El producto de la Gestación
Había llegado el final del rodaje con el parto, entre otras cosas, era una de las escenas más importantes y de las más difíciles.
La locación fue la Clínica Santa Rita, nos alquilaron un piso entero para no molestar a las pacientes.
A eso de las seis de la tarde, el departamento de arte ya tenía preparado el quirófano para que Jessie finalmente diera a luz.
Después de todo ese tiempo de estar cargando panzas de diferentes tamaños, me moría por que llegara ese momento, además que era todo un reto tener que “parir”. Entramos al quirófano para empezar la escena tan esperada por todos. Yo estaba de lo más incómoda, con una “panza” gigantesca, un brasier con un relleno insoportable y una bata de hospital abierta por todo lado.
Me sentaron en la cama con las piernas abiertas y una enfermera del hospital me explicó lo que tenía que hacer. La palabra ACCIÓN volvió oírse y yo comencé a pujar con todas mis fuerzas. Me mareé muchísimo, nada más quería que se acabara antes de que me desmayara.
No hizo falta usar sudor de mentiras pues con el esfuerzo que estaba haciendo y todas las luces que tenía encima eran más que suficiente. Lo hicimos varias veces desde diferentes ángulos, hasta que Esteban estuvo convencido y gritó ¡Corte! Al terminar la escena del parto, todos estaban contentos, me felicitaban y yo sentí una gran satisfacción al verlos felices y emocionados.
Llegó el último día de filmación, tenía ganas de terminar para descansar y volver a mi vida normal, pero por otra parte sentía tristeza porque dejaría a mi personaje, no vería más a toda esa gente que fue como mi familia durante esas semanas y tendría que dejar de actuar, por lo menos hasta que saliera otra oportunidad. .
Sin embargo me queda la ilusión de ver la película terminada, de que la vea el país, de ver la reacción de la gente, de que participe en festivales y que ojalá me ayude a encontrar otras oportunidades.
Así que el 28 de junio de 2009 al ser las 7 de la noche se oyeron por última vez las palabras ¡Prevenidos, corre cámara, ACCIÓN!
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