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Marisel Jiménez expone en España
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La artista nacional presenta “Trigo limpio, trigo sucio”, en Segovia, hasta el 19 de abril. Una observación reflexiva a la muestra desde el lente del fotógrafo y diseñador Rodrigo Rubí.
06/04/2009 11:00 PM
Rodrigo Rubí
rodrigorubi@hotmail.com
Tímida y apasible, la luz del alba se esparce sobre los extensos campos desnudos, que en corto plazo serán dorados mares de espigas mecidas por los vientos. Proyecta con lentitud débiles sombras de estructuras rectilíneas y cilíndricas abandonadas adrede en el ondulado horizonte; prismas de pacas que semejan edificaciones descuidadas, sino olvidadas; silentes esculturas contemporáneas que invitan a la observación y contemplación del intrincado estambre que las conforman en continuo movimiento casualmente ordenado.
Es este paisaje, aparentemente mudo, el que habla a la artista costarricense Marisel Jiménez y le invita a escudriñarlo, a interpretarlo y a comunicarlo en su muestra “Trigo limpio, trigo sucio”, inaugurada el pasado 18 de marzo en la Casa de la Alhóndiga, antiguo granero, ahora Centro de cultura y artes de la ciudad de Segovia, en España y que permanecerá abierta al público hasta el 19 de abril próximo.
Otrora incisiva, acusadora e interrogante, Sel Jiménez (como se le conoce) nos lleva, con la misma profundidad que lo hizo con sus temáticas sobre animales agredidos y el ser humano inhumano, a observar con detenimiento, sosiego, respeto y reflexión el paisaje de la cotidiana naturaleza; indistintamente de la locación espacial y temporal en que se encuentre y que penosamente cada vez es menos. Con una estética impresionista, la exposición integra siete dibujos de gran formato, elaborados sobre papel kraft, que más bien semejan una extensión de la instalación elaborada con grandes pacas de trigo, en la que el manejo del espacio y la iluminación crean una atmósfera frágil y reflexiva. En una segunda sala, otros tantos dibujos plasmados con “conté” negro sobre impecables soportes blancos, relatan los últimos estadíos de los girasoles, que abandonados al viento se desgarran para generar nueva vida. Trazos llenos de energía y de cierto surrealismo, parecen romper el papel.
En ambas salas, dos instalaciones escultóricas -poco frecuentes en su trabajo artístico del último lustro- destacan y rompen por un momento el calmo ambiente que se percibe: la primera elaborada en terracota y bronce, contiene dos cabezas de saíno suspendidas dentro de una estructura de aluminio, recordándonos con poca sutileza la indiferencia ante el dolor del ser vivo; y en la segunda, dos bustos masculinos se miran impávidos, el yeso y el bronce dialogan frente a frente; esta pieza por el contrario es motivo de celebración del conocimiento, la sensibilidad, la amabilidad y el humanismo que aún queda en el “homo sapiens” (Homenaje a Antonio Ruiz, Conservador y Cronista Oficial de la ciudad de Segovia). Trabajos con manufactura llena de vigor y maestría, que confirman una vez más el dominio de Sel, en la interpretación de la figura humana y de la anatomía animal.
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