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Premios Nacionales desiertos: hablan los jurados
Miembros de los jurados de los premios nacionales declarados desiertos hablan sobre sus razones en esta edición.

13/02/2009

Natalia Rodríguez



La noticia de los tres Premios Nacionales Aquileo J. Echeverría declarados desiertos, ha causado asombro en distintos círculos.

Estas categorías fueron: Historia, Cuento y Ensayo,  cada una con un jurado distinto. El Premio, al igual que el resto de los Premios Nacionales, consistía en 8 salarios de un profesional 2, lo cual representa un total de 3 088 000 colones según los datos actuales establecidos por el Servicio Civil.

Los jurados no son escogidos únicamente por el Ministerio de Cultura. Esta entidad tiene representación en todos los jurados, pero sólo un puesto de los tres que componen cada panel, el cual es escogido por la Ministra de Cultura. Por tanto, el Ministerio es responsable sólo del 33% de una decisión.


Cuento

El jurado del Premio de Cuento estuvo conformado por Marielos Castro (representante de la UNA), Gabriel Baltodano (representante del Ministerio de Cultura) y Claudio Monge (representante de la Asociación de Autores de obras literarias, artísticas y científicas de Costa Rica).

En el acta no se especifican los criterios para descartar las 33 obras presentadas. El jurado se limitó a decir que  “Considerando que no se presentó ninguna obra en este género, que sea merecedora del Premio Nacional, el Jurado acuerda DECLARARLO DESIERTO”.


Según el filólogo y profesor de literatura de la Universidad Nacional y Universidad Estatal a Distancia, Gabriel Baltodano, uno de los jurados del premio, encontraron problemas de estilo y temática en los libros presentados. “En literatura es importante que el estilo corresponda a la época, que sea contemporáneo. Encontramos que casi todos los cuentos tenían un estilo más tradicional. En cuanto a la temática, dijo “faltó un poco, muchos se desarrollaban en mundos lejanos o no tenían interés directo sobre la realidad actual del país”.


Para Claudio Monge, jurado del Premio nombrado por la Asociación de Autores, si bien existe una “tabla” de criterios que se les da a los jurados para evaluar las obras, esta no es una “camisa de fuerza”. “Los jurados se integran por personas que poseen su formación, sus criterios propios y sus estéticos; amén de su cosmovisión  y posición ideológica”, manifestó.

En cuanto a cuáles fueron estos criterios utilizados, Monge no especificó ninguno, simplemente manifestó que “los criterios que imperan son los de la mayoría simple y siempre son muy serios y profesionales, aunque algún miembro del jurado no los comparta”.

Consultado sobre si considera que la literatura de Cuento en el país está en decadencia o si simplemente fue un “mal año”, Baltodano manifestó que simplemente no encontraron un trabajo que llenara sus expectativas. “No se trata de encontrarle defectos a las obras, simplemente no encontramos ninguna obra que fuera excepcional al menos para el criterio de este jurado. Hubo opciones fuertes, pero no hubo ningún libro lo suficientemente bueno”.


Por su parte, Monge dijo que le parece más una cuestión de momento “aunque la literatura siempre estará en decadencia y en auge al mismo tiempo, si no no sería literatura… pero no es el caso en esta circunstancia”, y agrega “yo tenía mis candidatos para el género. Mi formación me ha permitido siempre, sin mayor problema, respetar, acatar y rubricar las decisiones mayoritarias siempre. Es más, prevista o vista la situación, ni siquiera discuto. Hay épocas para el cambio y cambio de épocas”.


Se intentó conocer la opinión de Marielos Castro, otro de los miembros del jurado, pero fue imposible localizarla en los teléfonos proporcionados por el Ministerio de Cultura.


Ensayo

El acta del jurado del Premio Nacional de Ensayo fue la más clara y extensa de las tres. Este tribunal estuvo conformado por Margarita Rojas, Maynor Antonio Mora (UNA), y Luis Fernando Díaz.

Según el documento, el jurado utilizó los siguientes criterios para calificar las obras: originalidad y aporte del tema seleccionado; coherencia y unidad; escritura y estilo; y dominio de la materia.

Se señalaron seis razones para descartar los trabajos, estas fueron:

1.    No son ensayos sino más bien manuales, escritos, por ejemplo, para cursos universitarios, específicamente con el propósito de transmitir conocimientos metodológicos a estudiantes;

2.    Otros textos consisten en tesis universitarias publicadas en forma de libro pero son cuidado editorial;

3.    Hay varias publicaciones que constituyen manuales de autoayuda;

4.    Otros son textos sobre temas polémicos que, sin embargo, no superan el sentido común o las consignas;

5.    En varios casos, se trata de resúmenes carentes de una reflexión original o que aporte ideas nuevas.

6.    Muchos presentan serias carencias editoriales, sin diseño, revisión de estilo o corrección filológica.

Al consultarle sobre la cantidad de libros leídos, la jurado Margarita Rojas manifestó que revisaron más de 35 y que algunos incluso los leyeron dos veces ya que estaban preocupados de no dar un premio. “Yo tengo el principio de que nunca hay que declarar un premio desierto, porque es una lástima que la plata se pierda.  Yo parto de ese criterio, aunque la obra no sea una maravilla, porque el premio es un estímulo para el creador, más tomando en cuenta que en artes no hay tantas becas y ayudas como en ciencia”.

Sin embargo, Rojas comenta que después de darle “muchas vueltas” y hacer la lista de criterios mínimos que debían cumplir las obras, no encontraron ninguna que cumpliera todos los requisitos.


Historia

El acta del Premio de Historia explicita los criterios utilizados por el jurado para descartar las obras presentadas. Este panel estuvo conformado por Ana Cecilia Román, Patricia Alvarenga y Juan Rafael Quesada.

Dichos criterios fueron: “relevancia de tema, planteamiento del problema, coherencia y rigurosidad en el desarrollo del argumento; contribuciones teórico metodológicas en el abordaje del objeto de estudio; calidad, cantidad y pertinencia de las fuentes históricas utilizadas; y claridad de estilo y capacidad de comunicación de las ideas”.


El jurado Quesada, historiador y profesor de la Escuela de Historia de la UCR, opinó que no hubo ningún libro que llenara todas sus expectativas. “Nosotros conceptualizamos que un premio debe ser atribuido a una obra que sea realmente de investigación, que aporte conocimientos nuevos. También valoramos la estructura formal de la obra”.

Se intentó conocer la opinión de Ana Cecilia Román y Patricia Alvarenga. Román dijo que enviarían una opinión de grupo, pero el documento enviado por correo electrónico tenía un error y aún no ha sido reenviado ningún otro.


El papel de las editoriales

Para Margarita Rojas, el problema radica en que las editoriales no están haciendo bien su trabajo. “Sería mejor que hicieran menos libros pero de mejor calidad, con corrección de estilo y con más cuidado de los editores. Ellos (los editores) son quienes tienen que revisar cada libro y decirle al autor lo que tiene que corregir. Es preocupante encontrar libros sin revisión filológica, con partes incluso plagiadas, libros que no merecen salir ni ser publicados. No puede ser que las Universidades estatales tengan a profesionales pagados tiempo completo en sus editoriales y salgan libros así”, dijo la actual directora del Sistema Nacional de Bibliotecas.  


Según Rojas, el problema no es solamente de las editoriales públicas, sino también de las privadas. “Los libros de Perro Azul vienen sin corrección de estilo, gramática, tildes o márgenes; los de Editorial Lumbre vienen muchas veces con faltas de ortografía”.

Juan Rafael Quesada, del Premio de Historia concuerda en este punto con doña Margarita. “Hay obras con mala redacción, muy descuidadas, con pésima tipografía. Uno como autor se vería desmerecido de que le publiquen de una manera tan chambona”, dijo.

Otros como Claudio Monge consideran que la situación no es una constante y que la calidad de los libros es más bien buena. “En algunas obras encontré insignificancias, producto quizá de la prisa por editar un libro. Digamos, descuidos de edición, falta de atención. Esto es común en algunas ediciones privadas o personales. Las editoriales estatales y una que otra privada son muy cuidadosas y su producto final editado es exquisito”, opinó.

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