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Ernesto Jara, codirector de El Codo del Diablo: “La permisión de la impunidad es algo contra lo que debemos luchar permanentemente”
El codirector del documental "El Codo del Diablo" nos cuenta en entrevista lo que hay detrás de este trabajo que revela detalles tras una página muy oculta de nuestra historia.
28/01/2015 2:15 PM
Natalia Rodríguez Mata
nrodriguez@redcultura.com

Desde hace unos días, un documental costarricenses de corte histórico nos sorprendió al aparecer en la cartelera de una de las cadenas de cine comercial más importante, Cinépolis.

Se llama “El Codo del Diablo” , y aunque para muchos es nuevo, ya traía “cola”: fue el documental ganador en el pasado Festival Centroamericano Ícaro, así como del Premio del Público en el Festival Internacional de Cine Costa Rica 2014.

Dos hermanos, uno cineasta -Ernesto- y otro historiador -Antonio-, son las mentes principales detrás de este trabajo, que revela una página -para muchos- desconocida de nuestra historia: el asesinato de varios líderes políticos tras la revolución del 1948. Con Ernesto conversamos para conocer más detrás de este trabajo.


¿De dónde surge el interés por hacer este documental histórico?

El trabajo surgió cuando mi hermano Antonio, historiador, estudiaba una maestría y en un curso de microhistoria decidió profundizar en este caso. El crimen del Codo del Diablo fue un caso muy sonado a finales del 48 y durante el 49. Por ser una historia en la que el gobierno se vio implicado se trató de que quedara un poco en el olvido. El Partido Vanguardia Popular fue el que reivindicó este hecho como una manera de reivindicar la represión que sufrieron al quedar del lado perdedor de la Guerra Civil. Ellos tienen incluso un mausoleo en el Cementerio Obrero donde todos los años le daban homenaje a los mártires del Codo del Diablo, pero en un grupo muy reducido.

Lo que más nos interesaba era saber qué de este crimen nos podía hablar de lo que pasó después de la revolución. Este fue un momento bastante convulso en el que incluso dentro del mismo grupo vencedor hubo enfrentamientos, pero se sabe poco y siempre pensamos que todo fue pacífico.

Mi hermano se encontró con el expediente judicial, que revelaba muchas de estas tensiones y alianzas que había en el gobierno, pero era un análisis más policiaco. Entonces investigamos más y logramos encontrar documentos muy valiosos, desde imágenes de la guerra, de la que no hay muchas por cierto, periódicos que hablaban sobre el caso, etc. Parte del documental navega en el cambio de la coyuntura global, donde el calderocomunismo fue posible para lograr una reforma social porque a nivel mundial Estados Unidos se aliaba con la Unión Soviética para luchar contra el nazismo, entonces no había problema. Pero al empezar la Guerra Fría ese vínculo se rompe y cobra dimensiones muy fuertes, de mucha represión.

Durante esa búsqueda encontramos la historia personal, que es la que nos lleva a encontrar un hilo narrativo y a darle un tono más universal y que hace que haya gente fuera del país que pueda identificarse con el documental. Este proceso de investigación tardó 3 años. Al mismo tiempo íbamos buscando fondos.

Existe mucho desconocimiento sobre este crimen, ¿a qué cree que se debe eso?

Hubo una intencionalidad de eliminar la idea violenta del país para construir la idea del carácter pacifista del costarricense, y también como una manera de querer diferenciarnos. Se dio principalmente a través de los partidos políticos, como para justificar sus acciones, para darle un carácter épico a las batallas, eso es lo que los vencedores siempre hacen para justificar que llegaron al poder y que son los “buenos”. Creo que pensar en buenos y malos es muy simplista y nuestro documental no pretende plantearlo, mi propio abuelo era muy liberacionista y siempre criticó el crimen de El Codo del Diablo. Simplemente hay cosas que no deben suceder, independientemente de nuestro color político.

Los medios que quedan cercanos al poder apoyaron y fueron los que construyeron la historia. Pero claro que hubo represión, quizás a un nivel menor a la que hubo en otros países, tanto adentro como fuera del grupo ganador (de la Guerra del 48). La historia parece que se detiene en el 48 y de ahí se hizo “borrón y cuenta nueva” pero eso no fue así. 


¿Qué fue lo más complicado del proceso de realización de este documental en sus distintas etapas?

Lo más complicado fue poder construir el guion, de hecho se fue construyendo en el camino. Al principio pensábamos en algo más vinculado al expediente judicial pero después empezamos a encontrar lo que antecedió al caso, que se volvía más interesante. El otro reto fue cómo hacer visual esta historia, entonces decidimos mezclar ciertas técnicas, jugar con el sonido, en fin, otras cosas que ahí fuimos decidiendo hacer. Y al final el otro reto fue meternos en la línea del tren, que es muy importante en la historia, y era complicado porque mucha de esa línea está ya desaparecida. Entonces hicimos varias gestiones y logramos meternos en esa línea y así rescatar el recorrido y los pueblos que están, los que ya no vemos cuando vamos en carretera.


Si bien el documental cuenta lo que pasó y nos presenta a algunos de los personajes involucrados no detalla con claridad quiénes fueron los responsables de las muertes. ¿Fue esto adrede? ¿Por qué?

El documental no nombra con nombres y apellidos al autor intelectual del crimen. Primero porque no tenemos un documento que lo confirme aunque hay pruebas de que el responsable o responsables vienen desde la cúpula del poder, también hay cómplices que “apadrinaron” la decisión, se menciona a varias personas que sabían del caso y que no lo denunciaron y permitieron la impunidad. Si fue la CIA o la United Fruit Company no lo podemos garantizar. Lo que sí sabemos es que no fue un acto aislado, que hubo una orden superior y que hubo un complot para que no se condenara a los verdaderos culpables. A los chivos expiatorios se les facilitó la huida del país.

Tenemos la tendencia a buscar los buenos y malos, pero eso es una visión simplista de la historia. Buscamos responsables y no asumimos una responsabilidad estructural, la de un Estado que permite este tipo de situaciones. No puede haber un Estado que permita que se cometa un crimen contra la libertad individual y mucho menos que permita la impunidad. La permisión de la impunidad es algo contra lo que debemos luchar permanentemente. Lo vemos ahora en México, donde el Estado termina siendo cómplice al no hacer el esfuerzo necesario para prohibir o eliminar actos injustos. 

 
¿Qué les dice el interés y la aceptación que el público ha tenido del documental?

Lo más importante es que se demuestra que sí hay interés de la gente de conocer de su historia. Al principio teníamos la duda de si a la gente le importaría. Es una página oculta muy reveladora, hay alguna gente que piensa que es eso abrir heridas, pero para nosotros es una oportunidad para aprender y ver esas cosas en perspectiva. El documental desmitifica algunas cosas y complementa otras. No contamos todo lo que pasó, para eso se necesitaría una enciclopedia, más que dar una respuesta trata de abrir más preguntas y que la gente se interese, debata y discuta.


Llama la atención que hayan conseguido proyectar el documental en una sala comercial como Cinépolis. ¿Cómo fue esta gestión y adónde más planean distribuirlo?

Nos pareció importante hacer el esfuerzo de que el documental saliera de los círculos más cercanos. El Festival de Cine del año pasado fue importante pero no deja de ser un círculo limitado. Aunque todavía falta mucho por hacer hay gente que empieza a ver otras películas y nos parece importante que eso se vea en los cines para que la gente sepa que se están haciendo otras cosas, otros géneros. La negociación con Cinépolis no fue tan difícil, a veces uno mismo se autolimita, se autocensura, y es que bueno, también hay una realidad, que es que hay que pagar por estar en los cines y por la difusión que eso implica. Pero nos acercamos a Cinépolis y hubo buena respuesta, desde las mismas salas hay un interés por poner películas nacionales que se agradece.

Hubo una buena recepción del público y nos van a dejar una semana más y también estamos negociando con otras cadenas. Pero no queremos quedarnos solo ahí, este documental va a verse mucho más en otros espacios, auditorios, universidades, salones comunales, casas de cultura, Limón, Siquirres, Turrialba, entre otros, para poder llegar a gente que no tiene la posibilidad física de ir al cine, y luego ver si lo ponemos en Internet o DVDs.


¿Tienen algún otro proyecto a futuro en el que volverán a trabajar juntos?

Tenemos muchas ideas, yo tengo una empresa de producción audiovisual y mi hermano es profesor de historia. Nos gustaría seguir trabajando juntos, habíamos hecho varios proyectos pero nunca un documental, mi hermano es un cinéfilo total, maneja el lenguaje audiovisual y a mí me gusta mucho la historia. Parte de nuestras conversaciones cotidianas son sobre historia, mis papás son sociólogos y siempre se hablaba mucho de historia en la casa, se conversaba y se discutía mucho. Por el momento tenemos algunas ideas, lo que más o menos tenemos en mente es hacer una ficción histórica que tiene que ver con la gesta del 1856 vista desde elementos periféricos que nos puedan complementar lo que ya se ha dicho.


Tomando en cuenta que a ustedes les fue relativamente bien al lograr colocar esta película en cines, que hay otra película nacional en cartelera (Espejismo) y viendo el gran éxito de la película Maikol Yordan de viaje perdido, que se convirtió en la más taquillera en Costa Rica, ¿por qué es necesaria entonces una ley de cine aún?

La gran mayoría de producciones ticas se hacen con las uñas. Si hay algo que ha hecho que se hagan más y mejores películas es la existencia de algunos fondos que han surgido, como Cinergia o Proartes, pero aunque son importantes se necesitan más para que haya más alternativas de temas y que estén mejor hechas. Está bien que exista el cine comercial pero si solo eso hacemos vamos a terminar viendo solo un tipo de película. Inclusive Maikol Yordan se hubiera podido hacer mejor técnicamente si hubiera habido más fondos. Lo más importante es la diversidad y que haya películas de todo tipo.

Para verlo:

"El Codo del Diablo" está en cartelera en Cinépolis Terramall, en tanda de 9:35 p.m. Consulte la cartelera cada día para mayor seguridad.