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Lara Ríos, su hermana y un primo son los únicos nietos de Aquileo J. Echeverría a los que les gusta escribir literatura. Foto: Daniela Guzmán.
Marilyn Echeverría (Lara Ríos): "Leer un libro por obligación es una tragedia"
La autora de las novelas que se convirtieron en amigas de miles de niños y niñas costarricenses durante varias décadas, nos cuenta la historia detrás de Lara Ríos.
21/01/2015 2:45 PM
Gabriela Murillo
Colaboración para RedCultura
gabmurillo04@gmail.com

Una fotografía de sus padres, un caballo blanco de porcelana y tres candelabros se encuentran detrás del sillón de color vino que sirve de asiento a la creadora de Arturo Pol, aquel niño travieso que escribía su diario en la novela Pantalones Cortos y luego en Pantalones Largos y Verano de Colores.

A sus ochenta años, la escritora nacional Lara Ríos ha logrado echar para afuera de su cabeza aquellos duendes, hadas y brujas que llegaban para darle la inspiración y obligarla a escribir las más de trece obras infantiles que produjo y que adornaron la infancia de miles de niños costarricenses en los años 80 y 90.

Su primera obra fue un libro de poesías llamado Algodón de azúcar en 1976 y la última otro poemario que tiene dos años de estar en Colombia. La obra de retiro de Lara Ríos, Chispas y Caracolesestá guardada en una gaveta de la Editorial Norma.

Luego de 38 años de su primera publicación, se encuentra sentada en una antesala blanca con muebles de madera, grandes cuadros en lienzo y un lapicero en su mano.  Entre respiraciones fuertes, gestos faciales marcados y palabras decididas, Marilyn Echeverría nos lee unas líneas de su vida y cómo llegó a convertirse en la premiada escritora Lara Ríos.

¿Dónde y cómo fue la infancia de Marilyn Echeverría?

Mi infancia fue a 150 varas de la Avenida Central de San José, ahí nací yo, por la Librería Universal. Después, ya con 6 ó 7 años nos pasamos por la California (San Pedro), cuando ya había hecho la primera comunión y entraba a la escuela.

¿Pero cómo fue el acercamiento a la literatura en ese periodo?

Yo era muy enfermiza porque no había vacunas, entonces me dio tos ferina y tosí tres meses sin parar, era una tos tremenda que me ahogaba, entonces me trajeron una maestra para que diera clases en esos meses porque no podía ir a la escuela. Además, tuve sarampión y todas esas enfermedades que le dan a uno de chiquillo. 

Por eso me traían libros para entretenerme y yo feliz con cada libro que me traían. Había unos libros pequeñitos de la colección Marujita, me traían el Tesoro de la Juventud en inglés que tenían fotos y dibujos y todos los cuentos de Grimm, los cuentos de Andersen, me trajeron Corazón, la Abejita Maya, bueno, todos los libros habidos y por haber.

Yo creo que de ahí se me llenó la cabeza de duendes, de hadas y de brujas y de ahí tenía que echarlos de alguna manera pa' fuera y fue por medio de la literatura.

¿En qué momento decidió ser escritora, echar esos duendes para afuera?

Bueno, escribí mi primer poema a los nueve años después de haber ido a ver un circo. Yo escribí: “El elefante es un infante muy tolerante de la maldad, tiene un sombrero como un plumero y unas orejas pegando al suelo”. 

Yo creí que era un Rubén Darío, que era algo fuera de serie y me fui corriendo donde papá y le dije: "papá hice un poema". Entonces papá cogió el poema y me dice “¡muy lindo mijita! pero vea, mejor guárdelo y no se lo enseñe a nadie, porque de usted van a esperar mucho por ser nieta de Aquileo J. Echeverría”.

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Foto: Daniela Guzmán
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Esa responsabilidad de representar el apellido Echeverría, la llevó a escribir y engavetar sus cuentos y poesías por muchos años. Exceptuando el poema del elefante, la gran mayoría de estas obras fueron olvidadas en la basura y borradas de su mente.

Para Marilyn Echeverría, el amor por la escritura se hereda y es por esta razón que ella seguía contando cuentos cuando podía; en la Escuela República del Perú, donde cursó su primaria, aprovechaba el taller de costura para liberar su imaginación.

Más adelante escribiría un poemario de cuentos y se animó a mandarlo a la Editorial de Costa Rica pero los Cuentos de mi Alcancía terminaron nuevamente en su mesita de noche. Entonces se dijo: “¡papá tenía razón! quién te mete Juan Bonete a mandar libros a las editoriales”.

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¿Cómo llegó a publicar Algodón de Azúcar y así ganar con este el premio Carmen Lyra?

Bueno, nos fuimos para América del Sur y en Argentina me encontré un libro divino que se llama Tutú Marambá de María Elena Walsh, una belleza de poemario alegrísimo diferente a todo lo que había en ese momento, entonces comencé a leer y a leer.

Cuando regresé a Costa Rica tenía que tener lápiz y papel en la mesita de noche porque se me venían los poemas y cuando tuve un cerro de poemas le dije a mi hijo “mirá, vos que tenés de profesor a don Joaquín Gutiérrez, el papá de Cocorí, porque no le llevás estos poemas y le decís que es de una amiga tuya para ver qué le parece”.

Cuando llega en la tarde venía todo enojado y me dice “es que sólo a usted se le ocurre decirme semejante cosa, a don Joaquín le encantaron los poemas y ahora la quiere conocer y va a ver que usted es mi mamá y yo voy a quedar de mentiroso”.  

Bueno la cosa es que le llevé los poemas a don Joaquín y me dijo que los mandara a un concurso que tenía abierto la Editorial de Costa Rica y como tiene que ser con un seudónimo, nació Lara Ríos.

Yo estaba parada en el baño cuando me enteré del premio, casi casi me da un infarto. Le digo a mi hijo mayor, “llamate a la Editorial para saber quién se ganó el premio” y lo oigo que dice “ah sí se llama Lara Ríos (haciéndose el desentendido), ah bueno muchas gracias”. Termina de colgar y yo casi me desmayo.

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Una mujer, dos vidas

Entre risas cuenta la anécdota de su primer premio y de su primera publicación. El año 1976 marcaría una dualidad en esta josefina nacida el 9 de abril de 1934. Desde ese momento habitaban en ella Marilyn Echeverría y la naciente escritora Lara Ríos.

Antes de utilizar Lara Ríos como seudónimo, usted pensó en Anémona ¿Por qué?

Anémona porque es una flor muy linda, pero una amiga mía me dijo “si te ponés así te dejo de hablar, eso suena a mono, mejor yo te busco algo bonito”.

A los días me llama y me dice: “¿qué te parece Lara Ríos o Lara Montes?” El Lara porque así se llama la esposa del Doctor Zhivago (novela rusa) y Ríos porque me fui a buscar al directorio telefónico a ver que es lo que había menos si Ríos o Montes y casi no había Ríos, entonces nos quedamos con el Lara Ríos.

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Lara ha sabido nutrirse de las experiencias de la vida de Marilyn, desde el esquema familiar para la trilogía de Pantalones Cortos (1982), Verano de Colores (1990) y Pantalones Largos (1995), la lucha personal contra una sociedad con creencias patriarcales y hasta la presencia de dos personas en una sola, característica plasmada en su novela Mo publicada en 1991.

Mo cuenta la historia de una joven indígena cabécar de la Zona Sur, quien encarna a dos personajes: una real, Maruja que quería ser dentista y otra mágica, Mo, que quería ser Sukia. De poder escoger ser uno de sus personajes, Lara Ríos escoge ser Mo.  

Esta novela la hizo estar en la Lista de Honor de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY) en 1992.

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¿Le pasa a usted algo parecido que Mo, entre Lara y Marilyn?

Sí, sí existe esa dualidad de personas, pero se complementan muy bien. Ahorita Marilyn está muy echada, antes era más activa, pintaba, daba clases a niños pobres de cocina de María Auxiliadora y ahora solo lee en una clase de literatura. Y bueno Lara Ríos también, ahora está de vacaciones permanentes, porque no estoy escribiendo.

¿Cómo nace Mo?

Yo quería escribir sobre los indígenas y muy especialmente sobre los cabécares. Me voy al dentista y me pregunta: “Marilyn, ¿y ahora de qué estás escribiendo?” Yo le digo que sobre los cabécares y me dice “¿eso qué es?”.

¡Santa María! ¡qué barbaridad!, que tamaño graduado no sepa, eso era un horror. Eso quería decir que había una laguna muy grande, que hay ciudadanos que no saben de los indígenas.

Entonces me fui a Ujarrás y a Salitre (reservas indígenas de Buenos Aires, Puntarenas) con unos amigos y mi esposo y pasamos cuatro días allá conociendo la cultura y hablando con un Sukia, estas personas que pueden sanar a la gente y hacer magia.

¿Cuánto dura escribiendo un libro?

Un año en escribirlo, sólo con Pantalones Largos duré como 3 porque se me borró dos veces, yo estaba empezando con la computadora y no guardaba. Un día explotó un transformador y se fue la luz en el barrio, me dio una furia porque eran cinco capítulos los que perdí. Cuando decidí retomar la escritura de esos cinco capítulos otra vez no guardé de bruta y se volvió a ir la luz.

Sobre la trilogía de Pantalones Cortos ¿De dónde sale la inspiración?

Pantalones Cortos salió porque tengo un hijo que era extremadamente hiperactivo, algo fuera de serie. Me le mandaban papelitos y libretas escritas del colegio todos los días. Es casi biográfico, todo lo que pasaba ahí, nos pasó a nosotros, mi esposo se cayó del techo y todas las diabluras de Arturo son ciertas.

Cuando ya tenía un cerrito así de cosas de Arturo Pol (levanta su mano izquierda del brazo del sillón para indicar la cantidad de papeles), me dije  “de esto puede salir un libro” y como ya me habían publicado Algodón de Azúcar, pensé que tal vez me lo publicaban.

Pantalones Cortos también lo escribí para que las mamás que tienen hijos hiperactivos vieran que no son las únicas con hijos traviesos; es que antes no había Ritalina [medicamento para niños con déficit de atención], ahora con eso están santitos.

¿Su hijo tenía un diario al igual que Arturo?

No, uno de los libros que más me gustaron en la infancia fue Corazón de Edmundo De Amicis, es sobre un niño italiano que tiene un diario pero que no escribe todos los días, sino con más días intercalados.

Yo lloraba, lo leí tres veces y yo pensé, qué ganas de hacer un libro como Corazón pero que no se llore tanto, más bien que sea un libro divertido, que sea bonito, entonces Pantalones Cortos lo hice en diario precisamente por Corazón.

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El mayor orgullo de Lara Ríos es sin duda Pantalones Cortos, en este se refleja su familia, su esposo, su hija y sus tres hijos; además le permitió hacer una trilogía y ser leída por muchos niños y jóvenes costarricenses por medio del programa de lecturas obligatorias del Ministerio de Educación Pública.

Aparte de esas satisfacciones, guarda buenas críticas de parte de los niños que lo leyeron y otros recuerdos agradables.

"Había una muchacha que tenía un programa de literatura en radio y me dijo 'voy  a pasar Pantalones Cortos en capítulos y los protagonistas van a ser niños de la calle'. Me pareció muy bonito. Ella me contó la anécdota de un niño, que era un chiquito flaquillo, medio tremendo, que nadie lo quería y le dio el papel de Arturo Pol. Dice que el niño le dijo: 'ay profesora usted sabe que yo pensé en tirármele a un bus, pero ahora con esto que usted me dio de tarea me siento el niño más feliz del mundo y ya no me quiero matar'. Con solo eso valió la pena escribir Pantalones Cortos".

Otras de las obras que Lara Ríos le deja a la literatura infantil costarricense, es La Música de Paul con la que obtuvo el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en el 2002, este cuento fue traducido al idioma francés.

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¿Cómo está actualmente la literatura infantil en Costa Rica?

La literatura infantil ha crecido, me hubiera gustado que crezca más. Me parece que es un campo que todavía está un poco virgen, pero con lo que tenemos está muy bien, tenemos muchos escritores y muy buenos.

Ahora los niños y los jóvenes prefieren leer libros como Harry Potter y los Juegos del Hambre. ¿Qué piensa de esta situación?

Hasta a mí me encantan, yo soy fan, me gusta todo eso de Harry Potter y El Hobbit. Aquí casi no hay literatura de ciencia ficción, me encantaría que hubiese más. Los  chiquitos se leen los de Harry Potter que son unos libros muy gordos, lástima que a nosotros no nos ha salido ese tipo de literatura.

¿Considera que este tipo de literatura se podría incluir en el programa de lecturas obligatorias del MEP?

Sí, pero los libros no deben ser obligatorios sino recomendados, así hay opción si los niños lo toman o no, o que sea la profesora quien se los recomiende. Leer un libro por obligación es una tragedia, como el de Don Quijote que se les quedaba hasta aquí (tocándose la garganta).

¿Qué tiene que tener un buen libro para niños?

Tiene que tener humor, que tenga buen vocabulario sin ser rebuscado, hay que escribir para que sea una lectura fluida, mucha imaginación, buena redacción; que cuando el libro se abre no sea solo negro, tiene que tener espacios y diálogos. Y por supuesto ilustraciones, uno con las ilustraciones se mete en el libro, es tan importante que es casi 50 a 50, entre el escrito y la ilustración.

Marylin, hoy

Marilyn Echeverría ocupa la Silla A en la Academia Costarricense de la Lengua, las sillas van de la A la V, son 22 miembros académicos en total. Esa silla fue ocupada años atrás por Cleto González Víquez. 

La Academia se reúne una vez al mes, colaboran en actividades como la competencia de ortografía del Ministerio de Educación Pública, rinden homenajes a literatos nacionales y cuentan con un espacio para publicar en el diario La Nación, llamado El rincón de la Academia.

El legado literario de Aquileo J. Echeverría se plasmó en Lara Ríos, quien a pesar de no tener estudios universitarios, porque “para ese entonces no era bien visto que fuera a la Universidad ni tampoco que escribiera”, encontró en el autoaprendizaje la manera de desarrollarse como escritora.

Luego de 71 años de haber escrito su primera poesía del elefante que observó en el circo, Marilyn Echeverría logró por medio de Lara ahuyentar los duendes que llegaban a su mente y le creaban un mundo tan maravilloso que ella sentía la necesidad de plasmarlo en papel, dar a conocer los mundos que brindaba su imaginación.

Si se lo hubieran permitido ¿Qué le hubiera gustado estudiar?

Yo hubiera estudiado FIlología o tal vez Derecho como mi papá que era abogado, posiblemente me hubiera inclinado por Derecho.

De haber estudiado derecho, ¿cree que igual hubiese sido escritora?

Sí, eso se hereda, es algo que si no se hace uno siente que se ahoga. Yo tengo dos nietas que escriben muy bonito, una que escribe poesía en inglés y otra que escribe muy bien en boletines y artículos. Es algo que se hereda de abuelos a nietos.

Su obra

Desde su primer poema que decía: El elefante es un infante muy tolerante de la maldad, tiene un sombrero como un plumero y unas orejas pegando al suelo”, Lara Ríos ha escrito más de una decena de libros.

Aquí le recordamos algunos de los más celebres.

Algodón de azúcar

Revela una sensibilidad refinada, un conocimiento de los gustos del niño... O una intuición o una puerilidad sana conservada a través de los años. Tiene el dulce acento de la Patria.

Pantalones cortos

Esta obra sigue una curiosidad estructural: el diario de un niño, contado con belleza, con el realismo y el candor de esos años que hoy viven ocultos en los rincones mas preciados de los que hace tiempo cruzamos la raya de la ingenuidad. No sabemos si este libro llegará mas a los niños, o a los que llevamos, ¨sacramente¨, un niño en los pliegues del alma. De lo que estamos seguros, es de estar ante el más bello libro de la autora.

Verano de colores

Lara Ríos quiere dejar con este libro una huella cálida en el corazón de los adolescentes. Conoce bien la problemática por la que atraviesan los muchachos en esta conflictiva edad en la que está Arturo. Comprende lo difícil que es para los jóvenes buscar su identidad, lograr su independencia, encontrar el amor verdadero, crecer interiormente para realizarse a sí mismos. La autora plantea de una  manera sencilla y positiva los valores morales, dándole una importancia relevante a la unión familiar. Verano de colores es un libro muy nuestro. Es la continuación de Pantalones Cortos y también esta escrito en forma de diario, donde la picardía, la ternura y el buen humor, son el complemento de esta obra a gusto de la juventud.

Pantalones largos

Luego de compartir aventuras con Arturo Pol en Pantalones cortos y Verano de colores, llegamos a una nueva etapa. En ella, su diario es el espejo de confidencias que nos hablan de un joven que enfrenta por primera vez, un mundo hostil. Pantalones largos es el fin de una parte del camino; el principio de otra. Y en las páginas de este diario es sencillo reconocernos y encontrarnos.

Mo
Lara Ríos nos da a través de una historia sencilla, la historia de Mo, los primeros hilos una madeja de magia. La del pueblo Cabécar, la de su escondida y viejísima historia. Mo quiere ser para nosotros la puerta que abre, con delicado asombro, al abrazo imprescindible y fraternal que durante quinientos años ha estado atrapado en una caverna tenebrosa. Pero si Mo, con su amor, pudo romper el hechizo, nosotros podremos vencer los espejos del temor y la oscuridad para encontrar el sol. Ese sol que ilumina la ciudad sagrada del Sulayöm y que ya no quiere ocultarse más detrás de la vergüenza.

Las sinopsis de los libros fueron tomadad de la página web de la autora.