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La pulsera remachada con signos hippies que lleva en su brazo es una fiel representación de lo que Isidro Con Wong es.
Isidro Con Wong: “Escogí ser artista, no comerciante”
Entrevista
Costarricense de origen chino, pero puntarenense por sobre todas las cosas. Isidro Con Wong nos revela en entrevista sus motivaciones y lo que inspira sus pinturas.
07/01/2015 11:25 AM
Gonzalo A. Vargas Ulate
micorreogzo@hotmail.com

Nació un 25 de febrero de 1931 y su trayectoria ha sido reconocida tanto a nivel nacional como internacional. Su obra congrega a sus seguidores, fieles a su estilo único y pintoresco de retratar una realidad de antaño. Su arte estará siempre atado al espíritu incontenible que lo obligó a ser artista, su ser estará siempre atado a la provincia que lo vio nacer y crecer: Puntarenas.

De estatura baja y cabello encanecido por los años, Isidro Con Wong presenta un ritmo paciente y natural en todo lo que hace. Al hablar, sus palabras salen marchando con una serenidad pomposa, como vientos en alta mar. En su mirada aún queda el brillo de asombro ante la vida, el mismo que presentan los niños al encontrar y desenterrar una concha en medio de la arena, un nuevo tesoro.

Los rasgos asiáticos en su rostro nos remontan a sus antepasados, pero don Isidro no es chino. Se define, ante todo, del Puerto. Lleva en su brazo derecho varias pulseras, entre ellas, una remachada con signos hippies, que ilustra su calmosa actitud hacia la vida: la misma tranquilidad que se observa en sus paisajes coloridos y sus toros dóciles.

Su taller de trabajo se encuentra en Pavas, lejos de la costa que venera y adora. En un espacio amplio y recubierto por su arte dedica su tiempo a crear nuevas vitrinas al pasado, portales mágicos a una realidad encantada. En estas ventanas el trópico costarricense y exuberante se llena de matices cálidos y destellantes, paisajes oníricos y fecundos.

Ahí, sentado en un sillón con bordados de sus característicos toros, rodeado por sus obras y sus trabajos en progreso, don Isidro recapituló su infancia, y las experiencias de vida que lo llevaron a tomar la decisión de dedicarse a ser artista a los 40 años de edad.

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Cuénteme acerca del Puntarenas de su infancia…

¡Maravilloso! Era un paraíso. Para mí era como un paraíso… Había pocas casas, las playas eran hermosas. Del hospital para allá todo eran fincas y terrenos, se sembraba mucha fruta, mangos, eran vistas únicas. Todo era tan bello. En ese tiempo yo era un chiquito, andaba corriendo siempre por la playa, descalzo, corriendo por ahí... Conozco bien el alma de mi Puerto.

¿Cómo es esa alma?

Bella... Es estar dentro de un paraíso. Ahora después de recorrer tantos años, de viejo, de vez en cuando me pongo a meditar y a pensar en el pasado mío, tan bello.

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Finca Tronco Negro (1996)

Para don Isidro la hermosura de la vida de antaño, la vida finquera y cultora, es la imagen misma del paraíso. Le es imposible contener la añoranza por las fincas y por el pasado. Su mirada reflexiva delata que su mente no está en Pavas, sino en la costa.

Por esto rinde tributo a su tierra a través de brillos y colores, cubre los paisajes de su hogar espiritual con una espora de ensueño que resalta la magia de la simpleza rural. Nos muestra cómo veía con sus ojos achinados el Puntarenas de ayer, cómo lo veía el niño que corría descalzo por las playas.

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Usted es de Puntarenas centro ¿cierto?

Así es, Puntarenas centro. En la calle del centro era donde mis abuelos y mi padre tenían su negocio. Ahí nací yo, en Puntarenas, en la época en la que no había parteras, nacíamos en balde… en palangana.

Tengo entendido que durante su juventud vivió un tiempo en China ¿Podría contarme al respecto?

Me fui cuando tenía 17 años, estuve poco tiempo en Hong Kong, 3 años nada más. Entré como oyente a un colegio donde conocí mucho acerca de China, su gente, sus etnias. Los que conocemos aquí son más que todo del sur, pero allí llegaban de toda China.

En ese tiempo muchos no simpatizaban con la política que había, estuvimos en Hong Kong porque era colonia inglesa y era donde nos íbamos a refugiar los que no estábamos de acuerdo… Bueno, no es que no estábamos de acuerdo, sino que ellos perseguían a los que tenían algo, terreno, capital… Salimos huyendo a Hong Kong. Fueron épocas difíciles, la revolución, ahora ya no.

Usted es costarricense de segunda generación ¿Podría hablarme acerca de sus antepasados?

Mi papá nació en Costa Rica, mi mamá en China. Mi abuelo [paterno] nació en China, él fue el primero que llegó [de la familia], llegó en 1872 a Costa Rica. Llegó a trabajar, en comercio, él era agricultor. Un primo lo mandó a traer a Costa Rica y le dio trabajo.

Él recogió una platilla y se devolvió a China, compró terrenos, los alquilaba para cultivar. Luego se le ocurrió volver a Costa Rica y se trajo a mi abuelita. Se estableció en Puntarenas y se hizo uno de los comerciantes más fuertes.

En esa época no habían carreteras ni nada de eso, todo era navegando. Las lanchas que venían del Golfo de Nicoya, de Puerto Cortés y todo llegaban a Puntarenas. Es decir, el centro de comercio de Costa Rica era Puntarenas, era el principal.

Aparte de finquero usted se dedicó a la pesca durante un tiempo de su vida. Cuénteme acerca de esta experiencia…

Sí eso fue cuando volví de China, ya adulto, teniendo veintirresto de años. Yo siempre fui pescador, desde chiquillo. Como le he dicho, soy hijo de las tierras arenosas doradas de Puntarenas y también hijo de los manglares.

Andaba en los manglares metido, sacando chuchecas. Pescábamos con hilo de cáñamo, nunca se nos reventaba el hilo porque ya sabíamos jugárnosla. Casi siempre pescábamos en el estero, porque ahí abundaban los peces. Pescábamos tanto que llevamos pescado a la casa y otros los regalábamos a los vecinos.

¿Y de adulto?

Todavía antes de los 40 iba a pescar, pesca artesanal. Tenía una finca en frente del mar entonces aprovechaba para ir a pescar. Tenía mi lancha y mi bote, iba mar adentro. Me gustaba mucho, pero había momentos difíciles. Usted sabe que el mar se pone bravo, nosotros sabíamos lo que eran las mareas, pero en el mar no se sabe.

Conocí a muchos pescadores, me di cuenta de lo difícil que es ser pescador y vivir de eso. Es muy duro, por eso es que yo respeto mucho a los pescadores, es un trabajo muy arriesgado. Dejar a la familia e ir al mar, a veces por días, es difícil.

Recuerdo esto con mucho cariño.

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De Pesca (2002)

Sus diferentes etapas como pescador y finquero forjaron la temática que rodea gran parte del universo de Con Wong. Dentro de sus obras es común ver referencias a estas labores, junto a los mangos que crecían en los terrenos de su amado Puerto.

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¿Cómo era su relación con el arte durante su juventud, antes de dedicarse por completo a ser artista?

Desde siempre el arte ha vivido conmigo en mi corazón. Me gustaba dibujar, pintar, ver el mar, la música, de todo. Yo quería ser músico. En mi mente yo componía música y me gustaba la poesía. Ya después me dediqué a pintar.

Yo soy autodidacta. Eso me ayudó mucho a ser lo que soy. Mi fama llegó madura. Mi vida en la finca y con el mar me ayudó mucho a madurar como artista. Escogí ser artista y no comerciante ni doctor, ni nada de eso.

¿Alguien en su familia lo influyó particularmente con ese lado artístico?

Todos eran comerciantes y agricultores. Yo fui el primero en decidir ser artista.

¿Y qué tal fue recibida esa idea?

A mi padre no le gustaba mucho. Mi mamá sí, me ayudó mucho. La madre siempre chinea a su hijo. Mi papá era duro [ríe], no nos dejaba, decía que eso era de vagabundos.

Yo, personalmente, soy muy sentimental. Mis pensamientos son místicos. Con mis obras logro plasmar mi mundo interior, el resumen de toda mi infancia: el realismo mágico.

A través de enseñanzas propias…

Sí, propias, muy propias, muy internas, de mi alma. Para ser un artista –verdadero- hay que ser auténtico. Ser uno mismo, sea que le guste a la gente, al público, o no, no importa. Lo más importante es que a uno le dé gozo y sentir la magia que está ahí.

Yo no seguía o copiaba los pasos de otros pintores, esa es la ventaja de no ser académico y ser autodidacta. Claro, hay que haber nacido para esto.

Al no ser académico sino autodidacta no seguía a otros pintores ¿No existe algún artista de referencia que haya marcado su estilo?

Me gustaba el arte, pero es que no, yo no… Las pinturas que a mí me gustaban eran los paisajes que yo veía. Lo que yo sentía y lo que plasmaba. Es más, mis obras son mis sentimientos. Mal o bien, están ahí. Eso las ha hecho originales y las ha hecho reservarse su lugar. Son mis añoranzas, mis sentimientos, mi pueblo. Yo amo Costa Rica, mi gente. Yo soy de origen chino, pero mi alma es costarricense… Pero no de la meseta central ni nada así, es de Puntarenas.

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Toro buey con crías (1987)

Isidro Con Wong

Es un artista plástico costarricense de ascendencia china. Nació y creció en Puntarenas rodeado de la vida rural que plasma en su obra. Comenzó su carrera artística a una edad avanzada, cuando ya tenía 40 años, debido a la fuerte pasión que siente por la pintura y el arte en general. 

Es autodidacta, pues no asistió formalmente a ninguna escuela de arte para incursionar y crear su ahora característico y reconocido estilo visual. Antes de su carrera artística su vida estuvo vinculada a la agricultura, la ganadería y la pesca.

Su trabajo le ha valido varios reconocimientos internacionales,  dentro de los cuales se encuentran la Placa del Gran Prix de Mónaco en 1988, ser nombrado miembro de honor de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Letras en 1989, así como un reconocimiento del Latin Art Museum de Los Ángeles en 2010.