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¿Es caro leer en Costa Rica?
Un grupo de editores, libreros y escritores comentan sobre el tema del costo del libro en nuestro país.
23/04/2013 6:00 PM
Oscar Collado
ocollado@redcultura.com

El chileno Roberto Bolaño discurría por las calles tumultuosas de México en su real visceralista juventud y entraba a pequeñas librerías para ojear títulos. Mirar y desear. Y, como también confería en una anécdota, ante el precio elevado de una obra valiosa –mayor valor cultural y simbólico en palabras de Bourdieu- agarrar el libro y echar a correr. Eso fue décadas atrás, sin embargo y la cosa dista mucho. Pero la idea se le debe haber ocurrido a más de uno.

¿Son los libros caros en Costa Rica? ¿Caros con respecto a qué, o a dónde? ¿De qué dependen los precios de los libros? La respuesta contempla aristas diversas y no es del todo sencilla. Además, no existen aún estudios sobre precios de los libros en el país ni en la región, por lo que la respuesta se limita a opiniones de quienes están inmersos en el negocio.

Partamos de que para fijar el precio del libro intervienen varios factores. Lo explica Andrea Mickus, librera de Duluoz, en Barrio Amón.En un mundo ideal el precio depende de la calidad del papel, el tamaño/formato, el país de origen y la calidad general de la edición, tanto física como editorialmente. Hay que considerar también el tema de las editoriales estatales y la auto publicación, porque el precio depende en el primer caso de la subvención del estado, y en el segundo de la posibilidad del autor de no querer o necesitar recuperar la plata que invirtió en la impresión porque quiere difundir el libro”, dice.

Aparte de esto hay que sumar otros apartados como impresión, labor filológica, derechos de autor, diagramación, mercadeo, diseño, promoción y bodegaje. El negocio está en que –como en toda economía de mercado- las editoriales puedan recuperar la inversión que ponen en la obra, algo que muchas veces resulta un ejercicio estéril – en cifras un 51% de costarricenses declaró no haber leído nada entre 2010-2011según consta en el archivo sobre prácticas culturales elaborado por el Ministerio de Cultura y Juventud.

Por último hay otro factor que entra dentro sistema de fijación de precios del libro y son las librerías, las cuales manejan un porcentaje de comercialización que va entre el 30% y el 40%, así como las políticas editoriales de cada sello editorial, las cuales pueden variar.


¿Cuestión de prioridades y percepciones?

El primero en ponerse en la palestra ha sido Óscar Castillo, de Uruk Editores, sello que mantiene en sus filas a figuras como Dorelia Barahona, Guillermo Fernández y la incómoda “Bajo la lluvia dios no existe” del belemita Warren Ulloa.

“No es caro leer”, dice Castillo. “Es un asunto más de percepción, que de precios. La gente puede gastarse en una salida a comer o al cine cifras mucho mayores. Sin embargo cuando se trata de libros dicen que son caros”, afirma Castillo, quien además asegura que el nivel de vida del costarricense permite esa adquisición.

Uruk Editores mantiene un catálogo de poco más de 25 títulos de dominio públicoLa Metamorfosis, La Odisea, El diario de Anne Frank- cuyos precios van desde los 2 mil hasta los ₡6800 colones –la mayoría de ellos figuran en  las nuevas listas del MEP y constituyen el mayor músculo económico de la editorial. En una visita a la Librería Universitaria en San Pedro se pueden observar títulos de La Odisea en Fontana ediciones a ₡4400 o La Metamorfosis de Kafka en ₡5000, cifras que duplican el precio de los libros de Uruk.

Las obras producidas en el país –es decir, que no son de dominio público- también muestran un precio similar. "Para editoriales nacionales, se podría decir que es común que un libro de bolsillo se venda en 3000 colones o que una novela corta cueste ₡5000 colones", asegura Mickus.

Enfático, el escritor y recién ganador del premio Mario Monteforte de novela, Carlos Cortés, ha señalado lo que él considera una falta de aprecio hacia la literatura del país. “Los libros nacionales son muy baratos pero poco apreciados. Es un asunto de mercadeo. La oferta es enorme pero dispersa, mal distribuida y peor mercadeada. Desgraciadamente en nuestro medio, a pesar de la excelente oferta editorial, los libros ya no son objeto de prestigio social, menos los nacionales”.

Cortés se ha adscrito a la tesis inicial de Castillo y que considera que, por lo menos con respecto al esquema de las editoriales nacionales, el precio no es elevado sino que se trata de un modus vivendi específico del costarricense, el cual no contempla la lectura como una prioridad.

“Un libro nuevo equivale a entre 10 y 15 cervezas (tomando como promedio el precio de ₡500 colones por cerveza, lo que es bajo). Se trata de un asunto de prioridades. Además constantemente hay promociones, libros de bolsillo y una serie de librerías de viejo, alrededor del Paseo de los Estudiantes y El Pacífico, que son una buena alternativa para quien quiera invertir menos”, aseguró.


¿Caro con respecto a qué?

Juan Hernández, editor de Germinal, ha manifestado un criterio similar, aunque para él el bajo promedio de compra de libros -59% de los ciudadanos del país asegura no haber adquirido ni uno solo entre 2010-2011- es más un asunto de mala inversión intelectual y económica de las editoriales. “Se publican escritores malos”, dice.

“Yo pongo los precios de manera simple y honesta: si salís a echarte cinco birras un fin de semana, podés comprar un libro. Sería muy fácil decir que la culpa es del MEP o el Ministerio de Cultura, pero lo cierto es que las editoriales tenemos la mayor cuota de responsabilidad, sobre todo en los últimos cinco años. La crisis centroamericana es por culpa de un problema bibliográfico. Mientras sigamos fomentando la mala escritura y el sacro-santo-canon, seguiremos en una aldea, pensando que no se lee porque un libro no es económicamente rentable”, destacó.

Para Juan Murillo, editor de Lanzallamas y quien junto al novelista Guillermo Barquero ha montado una de las pocas editoriales del país con catálogo en Amazon y textos para dispositivo Kindle (incluyendo el envío a países como Japón, Italia, Brasil y Alemania entre otros), muchas veces estas comparaciones deben verse con cuidado. En este sentido no se puede aseverar ni que es caro ni que es barato, pues dependería en todo caso del modelo que se tome como referencia. Por ejemplo al equiparar a nuestro país con Estados Unidos las cifras juegan en contra.

“En este país hay libros caros y libros baratos. Tendría que definirse claramente que tipo de comparación se quiere hacer. Si vos me pidieras que justifique que aquí "los libros son caros" podría ponerte de ejemplo el "trade paperback" que es el formato de libro más vendido en EE.UU. y que cuesta siempre alrededor de $10 sin importar las páginas que tenga. Acá cualquier libro de 100 páginas tiene la exorbitante cifra de ₡5000 colones. También podría perfectamente justificar que aquí "los libros son baratos", con solo compararlos con el precio promedio de un libro español”, señaló el editor.

Para Murillo los precios aceptables del mercado deberían ir de los ₡3000 hasta los ₡15.000 colones. Más allá de ese precio el precio sería ya excesivo. “Para que cueste entre 10 y 15 mil el libro debería ser excepcional por algún motivo. Aunque a veces no lo son”.

¿Y los libros importados?

Además de obras producidas en el país, las librerías cuentan con un catálogo que integra obras importadas. Randall Herrera, gestor comercial de literatura de Librería Lehmann, uno de los grandes centros de compra de libros del país, asegura que importar textos es generalmente muy caro, algo que sin duda incide en los precios que mantiene la librería.

“Es muy caro importar libros. A diferencia de lo que sucede en las librerías de los países desarrollados y "grandes" en donde las librerías manejan todo su surtido en consignación, pagando únicamente lo vendido a las editoriales, en nuestros países chicos del área se hacen las compras en firme, vencidos los plazos de pago se honran las facturas integramente se hayan o no vendido los libros adquiridos. Tener una librería en Costa Rica es una quijotada”, ha dicho.

Herrera explica también que para la fijación de los precios de cada libro en la librería entran a jugar varios factores. Al monto económico que fija la editorial se le suman los costos de importación, fletes marítimos, terrestres y aéreos, los cuales encarecen el precio del libro.

Además ha asegurado que las políticas editoriales a veces no los favorecen. “Se sabe que los costos de impresión de los libros en los países grandes es ínfimo. Sin embargo, para subvencionar el resto de tirajes que habitualmente hacen, y que no tienen tanto éxito entre el público, fijan precios elevados a sus bestsellers (elevados en cuanto al costo original de impresión). Estos precios son los que dan a las librerías de los mercados pequeños como el nuestro”, señaló.

A pesar de esto, Herrera no considera que leer sea ostentoso y explica que la cantidad y variedad de títulos ofrecen diferentes opciones al cliente. Además, asegura que los libros que pide el MEP no sobrepasan los ₡3000 mil colones en la mayoría de los casos. “Leer no es caro. Pensamos que es una cuestión de cultura de compra del tico, que no ve en la literatura una inversión en conocimiento y entretenimiento sano”, concluyó.

Se intentó conocer la opinión de los administradores de la Librería Internacional, pero al momento de redactar esta nota no habían respondido.

¿Y cuánto cuestan afuera?

Philippe Hunziker, director comercial de la librería Sophos, en Guatemala, una de las más prestigiosas de la región, comenta que el panorama en su país mantiene ciertas correlaciones con la situación de algunas librerías en Costa Rica.

Para él, parte del problema del alto valor de los libros es el lugar en donde se producen y las políticas que toman como base. “La región importa una parte sustancial de lo que vende en libros, y estas importaciones vienen principalmente de España, con lo cual no es de extrañarse que los precios de los libros en la región tengan más relación con la capacidad adquisitiva de lectores de otras regiones, que los de las nuestras. Los libros importados son caros para las posibilidades de los lectores centroamericanos”.

Hunziker asegura que Sophos ha luchado porque el precio del libro sea equivalente al del mercado original, algo que en el 80% de los casos han logrado satisfactoriamente. Aún así, asegura que muchas veces esto está fuera de su control. “Si los libros argentinos son baratos, los libros importados de Argentina serán baratos. Si los libros mexicanos son caros, los libros importados de México serán caros. Son cosas ajenas a nuestra control muchas veces”.

En una comparación de títulos se pueden observar grandes similitudes de precios entre títulos de Sophos y Librería Lehmann. Por ejemplo “El Castillo” de Kafka en ediciones Cátedra cuesta en Lehman ₡7110 colones, mientras que en Sophos vale 115 quetzales, unos ₡7362 colones. Los “Tres cantos fúnebres por Kosovo” de Alianza cuesta ₡5000 y 75 quetzales en Sophos, unos ₡4800 colones.

Sin duda, el tema del precio del libro es complejo. Diversidad de actores y circunstancias intervienen. Ante la ausencia de estudios que abarquen la región o de un precio estándar el panorama se torno aún más ambiguo. Puede ser un problema de cultura como afirman varios de los entrevistados. O puede ser un problema de crisis en la industria editorial internacional, en donde los libros se tornan cada vez más caros. Puede ser, como afirma Murillo, un problema de múltiples aristas dependiendo del modelo que se tome en comparación.