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La lectura en Costa Rica: el por qué de los números
Los resultados que arrojó la encuesta de prácticas culturales apuntan que la mayoría de los ticos no leemos; los expertos señalan que la solución está en la educación. Pero, ¿realmente se puede enseñar el amor por la lectura?
25/09/2012 7:19 PM
David Ulloa
dulloa@redcultura.com

El 51% de los costarricenses no ha leído libros en el último año y el 59% no ha comprado ninguno en el último año, sin embargo el 98% de ellos sabe leer. La encuesta sobre las prácticas culturales en Costa Rica, realizada por el Ministerio de Cultura y Juventud, habla entre líneas: nos enseñaron a leer pero no a amar leer.

La encuesta fue realizada en el periodo 2010-2011 y tenía el objetivo de analizar las prácticas de los ticos en materia de cultura, desde el tiempo que le dedican a actividades culturales hasta el equipamiento cultural con el que cuentan en su hogar. Específicamente uno de sus apartados se dedicó al hábito de la lectura: las motivaciones para leer, la asistencia a bibliotecas o librerías y la frecuencia de lectura y compra de libros.

Los beneficios de la lectura son bien sabidos ya: la lectura nos ayuda a formar un criterio propio y por ende estimula así nuestra interacción con otros, es una de las maneras más antiguas y efectivas (para la mayoría) de aprender y es la oportunidad más accesible de conocer otros mundos, otras ideas y otros sitios. A pesar de esto en el apartado de lectura de la encuesta los números dicen que solo un 20% de los costarricenses leen por gusto, mientras que únicamente un 15% lo hace para aprender. Algo falló en la manera en que nos educaron y probablemente sigue fallando.

Lea este reportaje por apartados:

Los esfuerzos de las autoridades

De chiquillos van para grandes: la labor de los padres de familia

¿Y cuánto se lee en otras latitudes?


Los esfuerzos de las autoridades

Desde las bibliotecas públicas:

“Yo tengo una experiencia de más de 30 años de trabajar con el Sistema de Bibliotecas y antes de la encuesta yo ya sabía que la gente realmente no leía. Conociendo esta problemática adopté en el SINABI lo que estábamos haciendo en la biblioteca donde yo laboraba, la de Palmares, ahí empezamos a promover la lectura al sector infantil y al juvenil”. Así explica la Directora del Sistema Nacional de Bibliotecas, Olga Rodríguez, la decisión de implementar los cinco programas que desde el 2011 tienen la misión de promocionar la lectura en diversos sectores de la sociedad.

En este momento las 57 bibliotecas públicas del país deberían impartir los siguientes programas: “Soy bebé y me gusta leer”, para infantes de 0 a 5 años; “Arcoiris de lectura para niños y niñas”, orientado a escolares;  “Pura vida, jóvenes a leer”, para los adolescentes de secundaria; “La Biblioteca Pública de la mano con la persona adulta” , para un público adulto joven; y “Huellas de oro”, dirigido a personas de la tercera edad.

La idea detrás de los programas es desarrollar el gusto por la lectura por medio de la atención personalizada, es decir, brindarle a cada grupo etario los productos y servicios que de acuerdo a su capacidad necesiten o encuentren atractivo.

¿Se cumple la tarea? De acuerdo con Rodríguez la realidad de la gran mayoría de  bibliotecas públicas es que trabajan con las uñas y las tienen cortas: “Las bibliotecas necesitan personal capacitado para atender y atraer a esas poblaciones que no están leyendo, especialmente a las poblaciones infantiles. Las escuelas de bibliotecología no nos están mandando profesionales con formación en cómo fomentar hábitos de lectura; aparte de que en una biblioteca deberían laborar al menos cuatro funcionarios, tenemos bibliotecas donde solo tenemos uno o dos”.

El número y el perfil del recurso humano solo es una de las limitantes de los programas, los recursos con los que cuenta el SINABI son insuficientes para realizar una campaña nacional de difusión y su única herramienta de comunicación es su sitio oficial; esos son los obstáculos que impiden que el SINABI lleve la lectura a todas las escuelas.

Desde las escuelas y colegios públicos:

La capacitación de los profesionales de la educación y los que en teoría deberían fomentar estrategias de lectura, también es una preocupación para las autoridades del Ministerio de Educación. Según el propio ministro, Leonardo Garnier, “leer en voz alta es clave, pero hay que hacerlo bien”.

Mejorar la habilidad lectora de los maestros antes de la de sus estudiantes fue una de las premisas del programa PROMEPJORA, que entre otras cosas buscaba el fortalecimiento de los docentes de español de Primaria, III Ciclo y Educación Diversificada. Es una campaña conceptualizada por el escritor Rodrigo Soto, que contó con material autodidacta para los docentes y varios encuentros entre ellos y escritores nacionales.

Ese no es el único esfuerzo desde el principal ente educativo del país. Recientemente se realizó un trabajo a conciencia para actualizar la lista de lecturas obligatorias (ahora en lugar de ser una lista cerrada es una lista de opciones); se creó el Festival Estudiantil de las Artes, que entre otras disciplinas promueve la creación del cuento y la poesía; y el Día del Libro se convirtió en una semana donde se le da énfasis a la lectura en los centros educativos públicos del país.

Entonces, ¿qué hace falta según Garnier? Acabar con una peligrosa tradición: “Creo que hay un círculo vicioso difícil de romper: hijos de padres que les leyeron cuando niños, suelen ser buenos lectores. Si los padres y madres no leen, y por tanto no leen a sus hijos, empezamos mal y el sistema educativo enfrenta un reto mucho mayor”.

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De chiquillos van para grandes: la labor de los padres de familia

El encuentro con los libros afortunadamente se hace cada vez más inevitable si uno forma parte del sistema de educación formal, pero algo más preocupa a las autoridades educativas: su trabajo se acaba fuera de las aulas o al término de los exámenes y los libros vuelven para quedarse en la mochila y en el estante.

El Dr. Mariano Rosabal, psicólogo e investigador especializado, entre otras áreas, en el desarrollo temprano, afirma que la actitud de rechazo a la lectura por parte de los menores se va a seguir perpetuando hasta que los padres no entiendan que su verdadera labor no se queda en regalar libros o poner a los niños a estudiar por largas horas.

“El proceso de lectura no solo implica activar todas las destrezas cognitivas, perceptuales y motoras involucradas en la interacción con un libro.  Implica muchas más cosas: desarrollar capacidades narrativas, que van desde poder repetir un par de palabras, hasta construir una versión de un acontecimiento que me haya sucedido. También poner en práctica la memoria en sus diferentes tipos, además establecer una interacción con el texto, dejarse impregnar, imaginar y por qué no, dejarse afectar cognitiva y emocionalmente por lo asimilado y reflejarlo en nosotros”, explica Rosabal.

Así, según asegura el psicólogo, desde las edades tempranas se debe estimular el gusto por la interacción al hablar y a narrar hechos, pero también se les debe enseñar a los niños a estar solos, esto con el fin de de pasar tiempo libre consigo mismo y desarrollar la imaginación y la curiosidad que pueden ser satisfechas en un libro. Todos los requisitos anteriores, si son saciados, resultarían en un entusiasta y ávido lector del futuro.

Tal parece que el estímulo ejercido por la familia es poco integral y que cuando aparece viene ligado al proceso de enseñanza-aprendizaje formal. Este acercamiento muchas veces marca el hábito de la lectura como algo forzado, obligatorio, y en el peor de los casos como castigo, por tanto es muy difícil que se desarrolle iniciativa al respecto.  

Por otro lado, los números no mienten: alta alfabetización no es sinónimo de altos estándares de lectura y gusto por los libros. La mayoría de las propuestas educativas con las que se topan los jóvenes ticos siguen enfocadas en el aprendizaje técnico orientado a satisfacer la premura económica y no siempre en producir seres humanos más curiosos y más conocedores de sus posibilidades.

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¿Y cuánto se lee en otras latitudes?

En otros países de la región latinoamericana los datos no son muy distintos a los de Costa Rica.

Un estudio dedicado a las prácticas de lectura y publicado a principios de este año concluyó que los argentinos son los mejores lectores de libros en Latinoamérica, mientras que los chilenos y peruanos los más ávidos lectores de periódicos y revistas.

El estudio corrió a cargo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), y aunque con limitantes (solo incluye a Argentina, Chile, Brasil, México, Perú, Colombia y España como referente, debido a la carencia de datos en el resto de la región en el momento en que se hizo el estudio) revela varios hallazgos interesantes sobre el comportamiento del lector latinoamericano.

En lectura de libros encabeza Argentina con un índice de 55%, seguido de Chile con un 51%, luego Brasil (46%), Colombia (45%), Perú (35%) y México (20%). El índice español es de 61%. Lo anterior revela que en promedio un 41% de la población de esos países lee libros, la frecuencia evaluada en el estudio va de al menos una vez al mes hasta una vez al año.

El estudio del CERLALC tomó como referente de país desarrollado a España, y los resultados no solo evidenciaron diferencias en número sino también en fondo: la brecha mayor entre el europeo y los latinoamericanos radicó en los motivos para leer.

Mientras que en España un 85% de la población lee por placer, en los países de América Latina evaluados las motivaciones con más peso fueron la actualización cultural y las exigencias académicas.

De acuerdo con el análisis del CERLALC la diferencia entre un lector ávido y uno esporádico es precisamente eso, su motivación. En Argentina, en este caso el país con el índice más alto de hábitos de lectura, un 70% de los encuestados respondió que lee por placer.

El estudio también atendió las razones para no leer: en todos los países la más aducida fue la falta de tiempo seguida por la falta de interés.

Si está interesado en conocer el estudio en su totalidad puede ingresar a este link.

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Nuestros tiempos: la competencia del libro

“Vivimos en un régimen escópico, estamos en un momento donde nos hemos volcado al espectáculo y a la imagen, eso se refuerza cierto tipo de conductas, usos y rutinas que se alejan de la palabra”. Así explica la escritora y promotora de las letras, Dorelia Barahona, el poco consumo de literatura en Costa Rica.

El régimen escópico del que habla Barahona, es uno propuesto por el sociólogo francés Christian Metz, que a grandes rasgos hace referencia a las cosas que nos acostumbramos a ver y que representan nuestra realidad. En nuestros días esos insumos llegan prominentemente de la fotografía, el cine, la televisión y el Internet (donde todas las anteriores se encuentran) y mucho menos desde la lectura y la escritura. Según el modelo, acercarse a la “realidad” desde la imagen es mucho más satisfactorio, o por lo menos, más inmediato.

Para el Ministro de Educación el contexto de la era digital en la que vivimos también debe ser considerado a la hora de promocionar la lectura tradicional: “En América Latina la lectura enfrenta problemas similares, aunque no son fáciles de interpretar y yo no soy particularmente amigo de las respuestas más fáciles, como que por culpa de la televisión o la Internet ahora no leen. En realidad una persona puede ver mucha televisión y leer mucho, puede usar mucho Internet y leer mucho, no creo que ese sea el problema, aunque ciertamente es un problema sobre todo con los jóvenes en tanto compite con el mismo tiempo de lectura y ofrece a sus ojos  una satisfacción más inmediata, con más acción, más emocionante”.

Sin embargo el auge de la tecnología también le ha permitido a nuevas generaciones acercarse a la lectura: la aparición de los libros digitales y la posibilidad de crear y publicar a través de los blogs y redes sociales son algunos ejemplos. La encuesta de prácticas culturales no incluye un apartado dedicado a este tipo de consumo, una práctica que crece en popularidad a medida que los medios electrónicos se hacen más accesibles.

En nuestro país el fomento de este tipo de lectura está en pañales, sin embargo las autoridades ya realizan esfuerzos por abarcar los medios digitales. El portal del SINABI tiene a disposición una biblioteca digital donde están disponibles varios títulos de dominio público. De igual forma el MEP, junto a la Imprenta Nacional, ha puesto a disposición de los estudiantes la versión digital de varias obras que son parte de las “listas de lectura” recomendadas por el ministerio.

Otras iniciativas más orientadas al consumo tradicional las proporciona el recientemente estrenado Espacio Cultural Carmen Naranjo, dirigido por Barahona, que ofrece talleres de escritura, charlas y encuentros orientados a la difusión de las letras costarricenses.