A la venta en librería Claraluna en la Calle de la Amargura, en Galería Andrómeda en Barrio Amón y en Cafetería Kaffa en Coronado.
Este libro intenta ser una fotografía captada por el lente del Tótem desde su estancamiento, su desnudez, la muerte que le ronda como paloma envenenada, la espera del amor, desde su soledad de monumento obviado por la mayoría de transeúntes.
"Tótem Suburbano", en un ambiente bastante nocturno, mira la ciudad pero desde adentro, mejor aún, desde la otredad, en el subterráneo de la conciencia. Ya desde el título la obra lo advierte con el acertado adjetivo. El hablante lírico desde los primeros versos se define en un espacio interno, casi aprisionado: "Todo lo que tocas se convierte/ en un muro que no duele/ al chocar contra él."
En este sentido es muy claro, tenemos las suficientes verjas y llaves entre sus versos. Por ejemplo palabras como envolver, cerrada, sábanas, o versos como "detrás de la ciudad que nos aísla", "domicilio anónimo de acceso restringido". Y la recurrente ventana, por la cual el Tótem nos observa y nos susurra la parte de la ciudad que le toca retratar con sus ojos de "asesinos que se miran en el espejo después de la ducha". Ese es su "refugio agrietado", donde desnuda la ciudad que tenemos adentro quienes caminamos frente a sus "indisposiciones existenciales".
Pero ese claustro es abierto al público, no es una celda condenada, por el contrario, nos demuestra hábilmente que, aún cubiertos por nuestras sábanas, no escapamos de las fauces urbanas. De ahí su sentencia de que "Afuera es igual que adentro/ cuando no abres las puertas". A pesar de estar "aislado por el vidrio y el metal" el Tótem acepta estar en una jaula sin cerrojo. Por eso se apellida "Suburbano". Porque también es así el poeta: Aislado, al margen pero siendo parte de todos en la ciudad de la furia. En estos tiempos donde la desconfianza y el desconcierto juegan a los suicidas con todos, el poeta ofrece su resistencia desde la palabra.
Diego Mora nos entrega así su opera prima, con buenos hallazgos, con oficio y un trabajo riguroso y paciente, imágenes de garra y bien construidas con un lenguaje sencillo y cotidiano, limpio de preciosismos literarios. Logra un espíritu poético hacia lo experimental muy valioso, que quizás en momentos peligra de abusar del recurso, además se puede percibir cierto aire de la escritura automática de los surrealistas, lo que no le resta las certezas que logra en sus creaciones de alquimista de la palabra.
Dividido en cuatro partes bien definidas, con un estilo particular cada una, "Tótem Suburbano" mantiene la coherencia y el ritmo casi hasta el final, y nos encontramos, en 69 páginas, desde la soledad y el caos en la ciudad, el amor y sus aventuras, hasta los anuncios clasificados, en donde, concientemente, nadie busca al poeta entre sus líneas.
Alejandro Cordero, Poeta