Maris Stella Fernández, fundadora de Sifais: "El bien siempre es victorioso”
28/07/2015

Para la fundadora de Sifais, la felicidad viene de la capacidad de ayudar al otro. Sifais es la prueba viviente de ello. 

Verónica Jiménez Arguedas

vjimenez@redcultura.com

 

La sonrisa que se le forma cuando habla de La Carpio es contagiosa. 

 

La mujer que me recibió un viernes en una oficina ataviada en un traje ejecutivo gris, nos recibe el sábado siguiente en tennis y camiseta mientras da un taller de teatro a mujeres de la comunidad.

 

Aunque se nota que no le gusta figurar, este gran proyecto tiene su nombre estampado. 

 

¿Cómo y por qué nace SIFAIS?
 

Nace porque la comunidad lo quiere. La señora Alicia Avilés trabajaba en la casa de una amiga mía atendiendo a una adulta mayor. Ella empezó a hablarme y entablamos una conversación muy bonita. Una vez me contó que quería inscribir a sus chicos de La Carpio en el equipo de fútbol de tercera división pero no podía porque no tenían uniformes. Yo le dije que nos apuntábamos a conseguirles uniformes. Eso me daba pie para conversarle a ella, siempre que le preguntaba me decía que habían perdido. Como a la cuarta vez que le pregunto me dice que los árbitros no les querían pitar y no les querían prestar canchas porque eran de La Carpio. El día que me dijo que por fin habían ganado me dice: “quiero que me ayude en otra cosa, quiero que me ayude a hacer una orquesta sinfónica”. Yo le dije “diay Alicia es que de un uniforme de fútbol a una orquesta sinfónica hay un trecho inmenso”. Y me dijo: “Es que hay chicos que están vagueando en las calles y que el fútbol no les gusta, y ellos quieren tocar el violín o la flauta”. Así fue como comenzó.


Todos los instrumentos han sido donados. Nuestro lema es “servir y aprender para ser feliz” y de veras, cuando empieza a ayudar a otro uno aprende y si sigue aprendiendo obtiene una alegría, un gozo y un placer.

 


¿Cuál ha sido la fórmula para lograr lo que se ha hecho hasta ahora?
 

La fórmula es muy sencilla, cuando vos estás en un ambiente donde la gente canta vos cantás, si la gente es muy agresiva vos te volvés agresivo y si la gente está sirviendo con alegría eso se contagia.

 

La gente en La Carpio vive en una situación tan precaria que la gente no está midiendo qué recibe a cambio y se da con alegría. Es una espiral virtuosa porque todo voluntario que llega quiere ayudar y salen enamorados. La gente se enamora no de las cosas o el espacio físico, se enamora del ambiente, de lo que siente.

 

No hay persona que no llegue con una sonrisa de oreja a oreja, con unas ganas de hacer algo, y todos están dando sin esperar nada. Que increíble que un precario sea un lugar propicio para generar tanta mente positiva.

 

Le llamaban la Cueva del Sapo con una gran estigmatización relacionándolo con violencia y ahora es un epicentro de integración y cultura; entonces es muy hermoso, nos permite volver a las bases.

 

El proyecto no tiene denominación religiosa, pero en el fondo tiene un alma cristiana. Es un espacio de experimentación práctica de lo bonito que es ayudar a los demás.



¿Cómo fue la recepción de la comunidad cuando llegaron?

 

Esto es de confiar. Yo llegué de la mano de Alicia, entonces me sentí confiada y ella se sentía confiada porque me conocía. Ella fue la que me abrió las puertas de la comunidad. La gente percibe cuando alguien está queriendo ser amable, ser cortés.

 

Al principio yo solo trabajaba en los 100 metros que Alicia me había enseñado y ya después unos poquitos metros más, unos poquitos metros más… La Carpio es el lugar donde más chiquillos he visto yo correr en la calle. Vos ves cientos de chiquillos correteando de arriba para abajo, desenvueltos, desinhibidos y felices. Es una dinámica que se la ha contagiado a la comunidad positivamente.


El bien siempre es victorioso. En medio de un lugar tan feo, problemático y peligroso se puede construir para enseñarle al país la eficacia de dar sin esperar.
 


¿Cuál es el modelo de trabajo?

 

No fue que se nos ocurrió hacerlo, fue muy orgánico. Cuando llega ahí y ve las necesidades piensa hay que hacer algo y se pone a hacer. No ha sido difícil, casi que ha sido muy espontáneo.

 

Hay una convicción profunda de que el ser humano es valioso independientemente de lo que sepa, de lo que crea, de lo que tenga. Esa es una formación humanista que yo agradezco haber recibido desde pequeña.


 

¿Cuál es el propósito de lo que hacen?


Nuestro propósito no es enseñar a tocar guitarra o tocar violín, esa es la excusa, el objetivo es la inclusión social. Que la gente vuelva a darse cuenta de la relevancia de las otras personas no por lo que tienen sino porque existen. Quitarse ese antifaz que nos pone la sociedad de catalogar a la gente.

 

La felicidad no está en el estudio o en el dinero, está en otra cosa. Al darse cuenta que uno tiene tantas oportunidades, que no se vale quejarse de nada porque el otro está mil veces peor y anda feliz el voluntario se transforma. La mayor transformación que ahí se opera no es en la comunidad, es en el voluntario.
 

¿Pensó que iba a hacerse tan grande?

 

No pensé que existía tanta buena voluntad de la gente.

 

¿Han entablado algún tipo de relación con el Gobierno?
 

Hace dos años empezamos a recibir un subsidio del IMAS, con lo que pagamos dos personas tiempo completo y dos parciales. Las horas voluntario son inagotables, pero se necesita gente para administrar. Cuando eso sucedió pudimos tener más estructura.

 

¿Qué representa Cueva de Luz para Sifais?

 

Solamente con el sueño de Cueva de Luz ya empezó a transformarse la comunidad. Es el primer edificio de 4 pisos que hay ahí. Es el edificio más grande de Centroamérica hecho solo de madera.

 

La gente que llega allí, ya se da cuenta de que no es una cosita de corto plazo porque ya hay una edificación estable. Yo nunca pensé que la transformación a través de la arquitectura fuera a tener tanto impacto.
 

Fotografía de Augusto Bolaños, cortesía de Fundación Sifais.

Más información

 

Cueva de Luz: un refugio transformador en La Carpio: La comunidad de La Carpio estrena un edificio que marca una nueva etapa en un proyecto ejemplar que desde hace cuatro años ha venido cambiando la vida de sus habitantes a través del arte y el deporte. 

 

“Cuando vino Sifais todo cambió”: Estudiantes y madres de la comunidad de La Carpio nos cuentan su experiencia desde que se involucraron con la organización. 

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