Natalia Rodríguez
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Sara Astica, una de las actrices más queridas y consolidadas del teatro costarricense, murió ayer a eso de las 10 p.m. en su natal Chile, a la edad de 72 años.
Doña Sara fue víctima de un cáncer detectado recientemente, razón por la cual viajó a Santiago desde el 15 de diciembre pasado para reunirse con sus cinco hijos y nietos, producto del matrimonio que por más de 25 años mantuvo con el también actor Marcelo Gaete, fallecido hace dos años.
La actriz llegó con su familia a Costa Rica en 1974, huyendo de la dictadura de Augusto Pinochet, tras haber sufrido múltiples y dolorosas torturas que la marcaron de por vida.
Junto a su esposo Marcelo Gaete, fundó el Grupo Surco, escogido como mejor Grupo de Teatro en 1999, con el que presentó varias decenas de obras. Del 2000 al 2002, Surco administró el Teatro de la Esquina, donde presentaron “Quién dijo que los hombres no sirven para nada”; “El patio de atrás”; “Hombres en escabeche”; “Baby boom en el paraíso”; “Luminaria”; “Crimen, champú y tijeras”; “Oscuro vuelo compartido”; “Las décimas” y “Pareja abierta”.
Además, doña Sara fue actriz del Teatro Universitario, la Compañía Nacional de Teatro, la Sala Vargas Calvo y La Comedia. Obtuvo el Premio a la mejor actriz de la Muestra Nacional de Cine y Vídeo, con el cortometraje de ficción de Esteban Ramírez, “Rehabilitación concluída” y el Premio Nacional a la Mejor Actriz Protagónica en 1999.
Un gran ser humano
“Sara fue una gran profesional, una persona maravillosa con un gran sentido ético y una clara posición política en todo momento, que aun en los momentos más difíciles a nivel económico, supo hacer teatro de calidad y de acuerdo a sus convicciones, siempre cuestionadora y vehemente”. Melvin Méndez, actor y director.
“Sara era un gran ser humano pero además una mujer de teatro, que entendía que el teatro no es una inspiración divina, sino un acto solidario con una misión política, histórica y social, que requiere una ética muy sólida”. María Bonilla, actriz y directora.
“La partida de Sara nos deja a todos en un estado de orfandad. Ella fue nuestra madre simbólica, espiritual y afectiva. Junto a Marcelo fueron guía, referente y ejemplo de cómo hacer un teatro accesible sin perder la dignidad. A ambos los hemos querido entrañablemente. Probablemente su alma no soportó la partida de Marcelo y ahora está con él, como estuvieron por tantos años. Parejas así ya no se ven”. Ana Istarú, actriz y dramaturga.
Fui alumno de ella, más que una profesora era una gran maestra. Y no sólo nos enseñó acerca de actuación o dicción, sus instrucciones iban más allá para convertirse en una gran formadora de estudiantes para la vida en general. Su calidad humana trascendía fronteras, era conocida no solamente por su excelencia artística y dotes histriónicas; sino también por emanar un calor humano incomparable. Douglas Solano, actor.