Natalia Rodríguez
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Hace un par de meses, el medio teatral costarricense sufrió una sacudida importante, cuando un joven actor, hasta entonces desconocido sobre las tablas, puso en escena un original monólogo.
A Hernán Jiménez se le conocía por su trabajo como director de una serie de televisión, y por haber obtenido distintos premios como realizador audiovisual en tres ediciones de la Muestra de Cine y Video Costarricense.
Tal fue el éxito de sus primeras tres presentaciones en el teatro, que Jiménez ha tenido que repetir la obra, y en julio lo hará de nuevo. El público lo aplaudía de pie, y mucha gente aun quiere ir a verlo de nuevo, o por primera vez.
“Hablando se entiende la gente” es un monólogo cómico, mordaz, inteligente. Con personajes cercanos como un policía de mini súper, o un actor de teatro, Jiménez hace alarde de su calidad como actor y como dramaturgo para mostrarnos la gran cantidad de historias que nos rodean y de las cuales no nos damos cuenta, poniendo en la mesa temas importantes sobre nuestro medio teatral.
Para conocer mejor al cerebro detrás de este monólogo, conversamos con Hernán en una café capitalino. A primera vista, Hernán se ve más bien tímido, pero luego de unos minutos conversando con él, su personalidad toma forma y se ve como los personajes que interpreta: natural.
¿Quién es Hernán Jiménez?
(Piensa unos segundos) Yo diría que es un… un joven, tratando de determinar cuál es una manera viable de ser artista, a veces desesperadamente. Cuánto más joven se es esa definición es menos importante, pero con el tiempo se empieza uno a plantear otras cosas, y en ese proceso estoy yo.
¿Qué has encontrado en ese camino en pos de una manera viable de ser artista?
He encontrado un medio muy difícil y muy pequeño, y también grandes oportunidades en ese medio por esa misma cualidad de ser pequeño. He encontrado soledad, porque por esas ganas de hacer las cosas ya, en el momento, me he tirado a hacer cosas solo. Por suerte muchas han dado resultados, pero me gustaría que no fuera así, me gustaría poder contar con una red de la que yo fuera parte.
La dificultad más grande viene en un plano emocional. Cuando los trabajos son buenos, el público y la prensa lo reconocen, pero la dificultad entra en el plano personal, cuando uno quisiera formar parte de algo más grande y contribuir a algo más grande.
Hernán, vos estudiaste fuera del país, y has pasado muchos años fuera. ¿Qué hiciste durante esos años?
La primera vez que me fui de Costa Rica yo tenía 16 años. Ha partir de ahí y hasta hace dos años (ahora tiene 27 años) ha sido un ir y venir. Hace dos años regresé de una manera más definitiva.
La primera vez fui a hacer el bachillerato internacional con una beca. Luego volví y fui a Nueva Zelanda a trabajar, a mochilear. Trabajaba de extra en un programa de televisión “Xena, la princesa guerrera”. Siempre buscaban extras con rasgos "latinosos”, así que anduve varios meses en taparrabo (ríe).
Luego volví y unos meses después tomé la decisión de estudiar teatro, me fui a Nueva York, a la American Academy of Dramatic Arts y estando ahí estudiando apliqué a la Escuela Nacional de Teatro de Canada y ahí permanecí tres años.
¿Por qué volviste?
¡Volví porque no me quedó más remedio! Por situaciones migratorias tuve que devolverme, pero si hubiera podido me quedo allá.
La experiencia fue muy rica, pero también uno tiende idealizar los medios artísticos del primer mundo. Si bien es cierto una comunidad multiétnica y una escuela con buena reputación te posiciona, la realidad es que todos mis compañeros están pasando por las mismas penurias que paso yo acá, de hecho hasta más, porque por lo menos acá el medio me permite hacer y vivir de estos, a muchos de ellos no. La idealización sigue, en mí no ha muerto.
Como actor es prácticamente imposible pensar en algo afuera, todavía como director o dramaturgo es un poco más fácil, pero como actor hay que esperar ofertas, y eso es bastante difícil..
Cuando estuviste en Canadá estuviste en varias obras, ¿cuáles recordás especialmente?
En la Escuela hice muchos papeles de varias edades. Hicimos una producción grande que se llamaba “Medida por Medida” de Shakespeare, donde hacía un papel de una especia de policía, una de las actuaciones que más he disfrutado toda mi vida. Tengo un odio particular por Shakespeare, pero la puesta en escena la disfruté mucho.
También disfruté mucho una obra de una dramaturga canadiense que se llama Judy Thomson. Ella tiene una manera de escribir muy realista y orgánica que me enamoró, porque ella graba a la gente y transcribe con puntos y comas todo lo que la gente habla. Eso sin duda determinó muchos de los parámetros que yo uso para escribir.
El otro fue un one man show sobre el tema de la inmigración que yo escribí, que se llamó Welcome to América, y era un collage de personajes latinos que viven en Estados Unidos. Lo presentamos varias veces.
Tu faceta como dramaturgo es interesante porque tus personajes y sus parlamentos resultan muy reales. ¿Te inspiraste en alguien particular para escribirlos, o cómo surgieron?
Yo creo que lo que usé fue más observación. Se me metía en la cabeza un personaje, y me obligaba a escribir y escribir hasta que fuera tomando forma.
A mí siempre me ha llamado la atención la manera en que habla la gente, y en las escuelas es que estuve me fueron como entrenando el oído para escuchar.
Pero creo que lo que más me impulsó a hacer algo así, es una fijación que tengo con reflejar cómo hablamos realmente los ticos, porque el teatro acá no lo hace y no me explico por qué. A excepción de Pelando el Ojo o la Pata yo nunca he oído una representación acertada de nuestra manera de hablar en nuestro medio. Como siempre lo he notado, fue uno de mis propósitos principales.
¿Qué comentarios de la gente sobre tu monólogo te han “llegado” más?
Bueno, los comentarios de los amigos y la familia siempre los asimilás de manera distinta. Pero hubo un par de correos de personas desconocidas, que me dijeron que quedaron devastadas con el monólogo. Eso me impactó mucho, porque uno como actor lo que más escucha son las risas.
La creación de esos personajes a mí también me impactó, me golpearon. Yo lo que espero es que ese “hecho leña” sea positivo, como te deja una película. Mi ilusión es hacer sentir eso a alguien a través del cine.
¿Cómo ha sido la incursión en la producción audiovisual y la televisión?
Yo a los muchachos de La Media Docena no los conocía. Ellos me dieron el trabajo hace un año y poco más, luego de una entrevista. Desde el punto de vista de producción es una gran experiencia. Yo estoy muy agradecido con ellos por el respeto a mi trabajo.
Empecé a trabajar en audiovisual luego de comprarme una cámara estando en la Universidad, y en realidad nunca he recibido cursos de nada. Trabajé un tiempo en repretel, y luego ahora en la media docena.
Tu obra hace una crítica directa al teatro en Costa Rica, ¿de dónde viene esa crítica?
Esa crítica viene de mucha gente conocida, de amigos o gente que me dice sus razones por las que no va al teatro.
Yo creo que la gente no se muere de risa con el teatro comercial porque las obras sean vacilonas, sino porque les resulta cercana la obra, los personajes, y ante la falta de costumbre eso da risa. Si a la gente le da risa la teta y el cacho (en alusión a dos obras del teatro de Cuesta de Moras), es porque lo siente más cercano que un Shakespeare, por ejemplo.
El teatro tiene que ser cercano. Si un director pone en escena una obra y dice que la obra no está hecha para entenderse, pues estamos muy mal. A mí me entra un desespere en obras así, sobre todo si el teatro es pequeño
¿Cuáles nuevos proyectos tenés en camino?
Tenemos un piloto de una serie de televisión, una comedia, al que le tengo mucho cariño. Es una miniserie sobre un comando anticorrupción. Son cinco ciudadanos que se organizan y forman un comando para combatir la corrupción, pero todo les sale mal. Se llama “Los Justicieros”. Paz Fábrega hizo la fotografía. Pero aún no tenemos un medio que la haya aceptado.
También estoy tratando de escribir un guión para cine, pero es de lo más difícil que he hecho. Estoy buscando la manera de aplicar a talleres, cursos afuera, para ver si tengo la oportunidad de mejorar el guión. Esta es una etapa lenta y algo frustrante.
¿Y de qué trata esa película?
El guión es sobre una estructura familiar que se derrumba ante un evento muy significativo, y el nacimiento de un nueva estructura. Es una historia que quiero que sea muy cercana. Ese cuento de que no es rentable hacer una peli acá yo no me lo trago mucho, así que voy por eso.