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Una vida entre libros
Entrevista con Eugenio Rodríguez Vega, Premio Magón 2005



Oficina de Prensa, Ministerio de Cultura

Si hay algo claro es que Don Eugenio Rodríguez no es un “divo” de la vida cultural. Probablemente es desconocido entre la gente más joven. Esto es consecuente con su carácter algo tímido y retraído, su modestia (aunque él insiste en negarlo) y su infatigable trabajo caracterizado por poco ruido y muchos logros.

Evidencia de lo anterior es su amplio trabajo ligado al mundo de los libros, como investigador, escritor y editor. Aún hoy, a sus 80 años, sigue trabajando en el Consejo Editorial de la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED).

El 24 de abril don Eugenio subirá al escenario del Teatro Nacional a recibir el Premio Magón de Cultura 2005, el máximo galardón que el estado costarricense otorga por toda una vida de trabajo en el campo cultural.

Su historia de trabajo está marcada por los diversos cargos públicos que ejerció: fue docente universitario, contralor general de la República, rector de la Universidad de Costa Rica (UCR) y Ministro de Educación. Este recorrido empezó mucho antes, quizá desde que aprendió a leer y a escribir en la Biblioteca Pública de San Ramón de Alajuela, en una época en que a este un pueblo sumamente retirado. De muchacho sus inquietudes intelectuales se fortalecieron y cuando cursaba el quinto año en el Liceo de Costa Rica se vinculó con el naciente Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales. Estudió derecho, carrera que ejerció por varios años al inicio de su vida laboral, pero el quehacer lo llevó por los caminos de la investigación histórica y la administración.

Su trayecto personal se caracteriza por la presencia de la familia, donde identifica hasta sus bisabuelos, fundadores de San Ramón. Su descendencia promete ser tan fructífera como sus antepasados. En sus propias palabras, se trata de una familia muy balanceada: “cuatro hijos (dos hombres y dos mujeres), todos casados. Hay 8 nietos, dos de cada matrimonio, cuatro hombres y cuatro mujeres. La nieta mayor ya es abogada. Entre los hijos Laura se dedica a la casa, Beatriz es profesora de francés en la UCR y Pablo y Javier son abogados”. Es la familia Rodríguez Oconitrillo, que don Eugenio y doña Norma (profesora de matemáticas en la UCR, ya pensionada) fundaron hace 52 años.

Está pensionado pero de ninguna manera retirado. En este momento, por ejemplo, están por publicarse dos libros suyos con la EUNED: uno sobre Rodrigo Facio y 100 momentos, en el “que cuento algunas cosas que he visto a través de mi vida”.

Algunos de sus maestros le marcaron profundamente, ¿quedan personas como los formadores que a usted lo inspiraron?

Creo que sí, soy optimista en el sentido de que no pienso que todo tiempo pasado fue mejor. A los jóvenes les digo que no permitan que les digan eso. El tiempo de ellos es el futuro y cada generación tiene que ser mejor que la anterior. A veces uno tiene la suerte de haber conocido a cierto tipo de personas importantes que le influenciaron, por ejemplo, en mi caso un Rodrigo Facio. Ciertamente no aparece en todas las generaciones alguien como él. Era gente firme no solo en el aspecto intelectual sino también en el aspecto moral, algunas cosas que ya van pasando de moda, como la honradez y la probidad en el manejo de los fondos públicos.

Cuándo usted escribió sus ensayos políticos, en los años 80, usted menciona algunas características de los costarricenses, entre ellas la tolerancia y el interés en la justicia social. ¿Usted cree que los costarricenses todavía somos así?

Creo que sí, tenemos que ser así, aunque a veces se nos olvida un poco. La tolerancia es una virtud básica para que los hombres puedan entenderse y vivir bien en sociedad. La tolerancia significa oír las razones de los otros, y admitir que a lo mejor tengan razón.

Yo creo que la tolerancia es una virtud histórica de los costarricenses. La justicia social también, porque los hechos importantes de justicia social del siglo XX se deben al esfuerzo de la mayoría de los costarricenses, pero sobre todo a la visión de algunos líderes y gobernantes.

¿Podrá sobrevivir la justicia social en estas épocas neoliberales y de Tratados de Libre Comercio?

Yo creo que sí. Eso que llaman globalización, que no es buena ni mala, simplemente es un hecho que esta ahí, como la temperatura, nos puede gustar o no gustar. Creo que ese sentimiento de justicia social sigue vivo y en mucha gente. Y en este momento tal vez más que en otros años. Porque en otras épocas González Flores, Calderón Guardia y José Figueres, por ejemplo, impulsaron políticas de justicia social desde arriba, desde el poder, a veces haciendo cosas que no les estaban reclamando desde abajo. En cambio ahora constantemente se recuerda desde abajo a los gobernantes los hechos de justicia social. Es cada vez más difícil que un movimiento político en Costa Rica pueda desconocer esto. Eso no quiere decir que no haya injusticia social, sino que hay la voluntad de trabajar porque la haya.

Sobre el TLC ¿qué opina don Eugenio?

Yo diría que el TLC es un tratado que tiene que firmar el país. No es que sea malo lo que está ocurriendo, eso también es una circunstancia en nuestra vida actual, en el mundo. La situación del mundo en este momento hace inevitable el intercambio económico y comercial, lo que puede discutirse son los términos en que se plantea. Yo no tendría ninguna objeción contra el TLC, si se garantizara que no hay injusticia contra los sectores agrícolas, si se fortaleciera el ICE, el INS y la CCSS. Si se fortalecen y se les da independencia y fuerza, yo no tendría objeciones. Precisamente objeto que no se den esas circunstancias.

Además de toda su trayectoria, el Premio Magón a usted se le otorga por su trabajo en todos lo libros que ha publicado como escritor, editor e investigador. ¿cuán importante es en su identidad su faceta como escritor?

Yo escribo desde chiquillo. Yo creo que aprendí a leer y escribir en la Biblioteca Pública de San Ramón, donde yo iba todas las noches a leer. Inevitablemente leí muchos libros de poesía y ahí me aficioné a la lectura de la poesía, hasta el momento. Es algo que me descansa mucho, todos los días me dedico a leer y a releer poesía. Desde chiquillo me acostumbré a escribir algunas cosas. Tal vez por ser un poco ensimismado y tímido me desquitaba escribiendo. Durante muchos años de mi vida, sobre todo de adolescente llevaba un diario. Un día los iba a quemar pero una hija mía no me dejó. Sin embargo, para escribir el libro de memorias muchas cosas las tomé de ahí.

Además en los años 40 también ejercí el periodismo político, teníamos una revista, -Surco, del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales- que se publicó del 40 al 45. Ahí escribí algunas cosillas, yo estaba en quinto año del Liceo. También tuvimos durante varios años un semanario que se llamaba acción demócrata.

¿Qué puede hacer el país para acortar la brecha entre la educación pública y la privada?

El país puede hacer mucho, pero necesita muchos recursos y la colaboración de todos los sectores: Ministerio de Educación y universidades, donde se forman los maestros, esta es la clave de todo, la formación de los maestros. Con menos recursos y unas cuantas escuelas normales, el país formó educadores maravillosos. Ahora puede hacerlo mejor, no se hace, pero podría hacerse.

El tema de la brecha entre la educación pública y privada puede verse no solo desde un punto de vista de justicia social o de educación, sino también desde un punto de vista político. Si la educación pública sigue deteriorándose, la democracia irá peor y peor y las diferencias sociales irán en aumento. Este es un tema clave en cualquier programa político y es de la cosas que tendrán que verse ahora a partir de mayo. Soy optimista en el sentido de que ningún sector político sería capaz de oponerse a algo como esto, porque es clave para la vida del país.

Usted fue funcionario público bastantes años ¿Cómo visualiza usted la función pública?

Yo he sido muchas cosas que a veces parecen contradictorias. Por ejemplo, algunos consideran que yo he sido un político, y yo creo que no. He participado en política, casi siempre en la forma más modesta en que pueda hacerse, en grupos de estudio, redactando programas de gobierno y dictando charlas. Siempre me ha hecho mucha gracia que se critique a algún político porque era ambicioso. Si es político tiene que ser ambicioso, y si no es ambicioso no es político. Yo no soy ambicioso, en el sentido de que nunca he ambicionado el poder, entonces me falta ese ingrediente del político. No es cosa ni buena ni mala, sino que es una característica que tienen.

La mayor parte de mi vida adulta he sido un funcionario público dedicado a tareas que no solo no tienen que ver con la política sino que además son impolíticas. Por ejemplo, estuve 7 años en la Contraloría General de la República, cuatro años en la Rectoría de la Universidad, cuatro años en el Ministerio de Educación Pública.

Yo he sido muchas cosas, sin embargo siempre he tenido la pasión de la lectura, en cualquier función. Siempre he leído poesía, ensayo e historia, no importa si era Contralor.

¿Se oía de casos de corrupción desde aquellas épocas?

Ah, sí. Siempre. Sobre todo en los sectores más bajos, la corrupción siempre ha existido y si no, no habría necesidad de Contraloría. El problema ahora es que ha llegado a las cúpulas, a los sectores más altos. Cuando la corrupción viene de arriba no hay manera, porque el que está debajo del corrupto mayor sencillamente dice “si este hace esto y se aprovecha así, por qué no voy a hacerlo yo”.

¿Qué se puede hacer para eliminar la corrupción?

El hecho de haber llegado tan hondo en la corrupción crea cierta conciencia de que esto tiene que acabar y no se logra solo con leyes. Esta es la forma más ingenua, creer que con una declaración de bienes de funcionarios públicos se arregla, esto no sirve para nada.

Usted ha dicho que detesta a los neutrales ¿Le ha tocado pagar algún precio por tomar partido?

Pues sí, en el sentido de que a veces es incómodo, pero uno se siente muy bien. A mí siempre me ha molestado que para escoger ciertos funcionarios, por ejemplo magistrados de la Corte o del Tribunal Supremo de Elecciones, busquen con lupa que no haya pertenecido nunca a un partido político. Es decir, se premia el hecho de no haber tenido ideas, no haber tenido una posición, ser una persona comodidosa, que no ha dicho nunca lo que piensa. Ha habido grandes jueces aquí en Costa Rica, que han participado en política y después han sido jueces ejemplares.

¿Cómo visualiza usted a nuestros jóvenes?

Yo creo que hay de todo. Uno cree que la juventud del tiempo de uno fue muy buena, y no, fue como toda la juventud en circunstancias diferentes. Yo tuve la fortuna de vivir entre los 15 y los 25 años en toda la época del 40, muy intensa, apasionada, revoltosa, que lo obligaba a uno a tomar ciertas decisiones y ciertas actitudes. Ahora no hay esos retos, la vida del país se ha estabilizado políticamente y muchos de los jóvenes tienden a desinteresarse de la vida pública. Esto es malo. En la década del 40 nosotros participamos muy activamente porque las circunstancias estaban ahí. Ahora no se dan esas circunstancias y es más difícil para los jóvenes participar en la vida pública, esa debe ser tarea de la escuela y de los partidos políticos.

Yo creo que básicamente el material humano está ahí. No creo que los jóvenes de ahora sean inferiores a los jóvenes de hace 50 años. En algún sentido son mejores, por ejemplo, creo que son menos hipócritas que nosotros.

¿Qué ha significado ganar el Magón?
Como decía mi mama “yo que sé”. Yo soy orgulloso, pero no vanidoso. El hecho de ser buen lector lo hace a uno modesto. Yo siempre pienso en Borges, supremo escritor, que tenía una humildad tremenda cuando él hablaba de Stevenson, de Shakespeare, de Dante... El se ponía muy por debajo y no es que lo hiciera para impresionar, sino porque él tenía claro que había otros mejores. De manera que recibir el Magón es importante, sobre todo en el caso mío que yo he publicado unos 20 libros y es el primer premio que recibo.




En persona

Compositor favorito de música clásica: “la santísima trinidad”: Bach, Mozart y Beethoven, y de ahí para abajo todos lo que usted quiera. A mí me duele ver conocidos y amigos, que tienen plata y que llegan a viejos y que no tienen la alegría de disfrutar de un gran libro. Yo ahora releo sobre todo, soy lector de tiempo completo desde hace varios años. Hay personas que tienen la oportunidad de leer, pero no les gusta. Tienen plata para comprar libros, cuadros y todos los discos del mundo, pero nunca les enseñaron a que les gustara. Yo recuerdo que chiquillo en San Ramón oíamos música clásica en La Voz de la Víctor”.

Sus escritores: entre los nuevos hallazgos mencionó al novelista español Antonio Díaz Molina. Sin embargo, “siempre he leído los mismos: los Ensayos de Miguel de Montaigne, El Quijote, los rusos, Borges, Octavio Paz y los grandes poetas de antes y de ahora. Mis grandes autores siguen siendo los que me fascinaron a los 17 y 18 años”.

Consejo para que un matrimonio perdure: “Ya llevamos 52 años. No sé. Se va haciendo con el tiempo. Conozco gente tan buena que no ha logrado un matrimonio feliz. Tiene que ver con entendimiento con la pareja, tolerancia. Uno tiende a ver los defectos de la otra y no se ve los de uno. Hay que entender que la otra persona es un ser humano que también tiene sus virtudes”.